Viernes 1 de Agosto de 2014

     

Fernando González Mora

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Fernando González Mora arribó a la ciudad de México en 1957, proveniente del puerto de Veracruz y siguiendo su inclinación, en 1958 se encontraba laborando en una revista llamada Noticiero de Tránsito, en donde dio sus primeros pasos en el oficio del periodismo.

De ahí inició intensa actividad diarista al ingresar al diario Zócalo, de Alfredo Kawache Ramia, que en ese tiempo se distinguiera por ser semillero de reporteros; a Diario de México, Atisbos; Diario de la Tarde, meridiano de Novedades, que alcanzara brillante época bajo la dirección de don Raúl Puga. En 1962 fue integrante del grupo fundador de la cooperativa del periódico El Día y hasta 1997 laboró en la también cooperativa La Prensa. En su transitar por el diarismo, ejerció actividades como reportero de espectáculos y deportivo y en los últimos años en el trabajo de mesa de redacción. Colaboró en importantes publicaciones como el semario El Fígaro, cuyo director don Roberto Acevedo, decía era moradito -por el color de la tinta- y no rojillo, Deporte Ilustrado y Sucesos, entre otras publicaciones. En los últimos años ha incursionado en radio, colaborando con Gustavo Rentaría en su programa con Valor y con Verdad y colabora también en varios Portales, en moderno medio que es la cibernética. Incursionó en la administración pública, laborando en oficinas de prensa como, la Delegación Alvaro Obregón y Azcapotzalco y en instituciones como la Dirección General de RTC e IPN. Es miembro del Club Primera Plana, desde 1969.

A Fernando González Mora, periodista de prosapia y verdadero amigo, quien con su desaparición física, por tercera vez en 42 días, enluta al gremio organizado: su Club Primera Plana; Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, FAPERMEX, y Federación Latinoamericana de Periodista, FELAP-México; a Grupo Fórmula y a la Revista Libertas de quien fue ilustre articulista, y a la familia Rentería Villa por su hermandad. A Isabel, su queridísima esposa, a sus hijos Fernando, Luis y Fabiola y a sus nietos, les pedimos acepten compartir su dolor. Su pluma crítica, que no quepa duda, seguirá volando por siempre el infinito. Inn Memoriam.

Teodoro Rentería Arróyave

IN MEMORIA

En el consenso general, parece ser que el mejor homenaje que se le puede ofrecer a un profesionista destacado, por parte de los que comparten la misma ocupación o quehacer, es brindarle un reconocimiento en los mismos términos y en el mismo lenguaje utilizados en dicha profesión.

Así un poeta escribe un texto alusivo y vibrante destacando las virtudes del homenajeado. O bien, un músico extiende el espectro sonoro para subrayar rasgos singulares que describan los alances del cumplido.

En el caso de estas líneas, se pretende manifestar el profundo sentimiento de vacío y silencio, al ver partir a un destacado periodista y un entrañable amigo, no tanto por el tempo de tratarle, como por la intensidad y entusiasmo que compartimos por nuestra actividad periodística.

A Fernando González Mora, recuerdo haberlo conocido cuando colaboré como columnista en el Periódico La Prensa, por los años 70s. Pero años más tarde, la relación fue muy directa y cercana, al momento de pedirle su respaldo para organizar y llevar a cabo un homenaje a la memoria de su suegro el periodista y escritor Diego Arenas Guzmán. Recibiendo un singular apoyo de parte de Fernando y su esposa Isabel.

Fue en ese entonces cuando Fernando comenzaba su experiencia con la dirección de un diario digital: Actualidades México, invitándome a colaborar con algunos artículos. Al poco tiempo me uní al proyecto hasta el día de hoy.

Las ocasiones en que tuve la oportunidad de platicar y convivir con él, siempre me dejó un evidente testimonio: estaba frente a un hombre hondamente enamorado de la vida, de su esposa, de sus hijos y su familia. Asimismo, intensamente comprometido con su profesión periodística y entusiasmado en su deseo de perfeccionar su página informativa.

La noticia de su desaparición física fue un golpe demoledor para quien esto teclea. Recientemente le había enviado una colaboración sobre el deceso del Señor Samuel Ruíz, a quien calificaba como Un Hombre Bueno. Fernando, también fue Un Hombre Bueno.

Que descanse en paz el hombre esforzado y emprendedor.

Que perdure el testimonio de un periodista audaz y comprometido con el periodismo libre y responsable.

Que su ejemplo sea guía y ánimo para las nuevas generaciones.

Que viva por siempre en la memoria de los que lo respetamos, admiramos y, sin duda, lo extrañaremos.
Alejandro Ruíz del Río E.


A FERNANDO GONZÁLEZ MORA

Un periodista íntegro. Un hombre dedicado a la información. Un funcionario que ocupó importantes escalas gubernamentales como jefe de prensa.

Durante la administración de José López Portillo, Fernando representó uno de los puntales en el sostenimiento de la imagen de la Direccón General de Radio, Televisión y Ccinematografía (RTC) de la Secretaría de Gobernación.

Posteriormente, cuando dejó las funciones de Jefe de Prensa de varias dependencias, llegó a la sala de redacción del Periódico “La Prensa”, precisamente a la sección de espectáculos, que tuve el privilegio de jefaturar en ese momento, y que hoy, me honro en recordar.

En ese lugar tuvimos la oportunidad de estrechar más los lazos de amistad y compartir nuestra cotidiana tarea periodística.

Fernando rápidamente encontró un horizonte amplio de desarrollo en el diario, gracias a su gran sensibilidad profesional y su talento ejecutivo, que lo llevaron a cargos más importantes dentro de la misma organización editorial.

Últimamente, la inquietud e iniciativa de Fernando, lo llevaron a experimentar el periodismo digital. Lanzando su página Actualidades México” (www.actualidadesmexico.com.mx), cuyo desarrollo y presencia en el medio de la infomación cibernética día a día le fue ganando posicionamiento como un medio serio y profesional.

Hace cuatro semanas, tuvimos la oportuniad de vernos para compartir un momento, y darnos un afectuoso abrazo. Lo vi vigorozo, optimista, propositivo.

Nunca nadie podía imaginarse que era el útimo abrazo. El adios momentáneo entre dos amigos.

Descanse en paz este luchador del diarismo. Aquí, en la tierra, muchos recordaremos a Fernando González Mora como un periodista íntegro y dedicado a la sagrada profesión de informar: LA VERDAD.

PROF. ALFREDO RUÍZ DEL RÍO

EL ADIOS A UN MAESTRO

Don Fernando Gonzales Mora era un periodista ejemplar, de esos de la vieja escuela que están en extinción, con vocación, astucia, inteligencia y descaro. Era un viejo con voz ronca, enojón, sonriente, sarcástico y dedicado. Siempre usaba gafas de aumento rosadas que me hacían imaginarlo en su época plena, allá por los setentas en los que todo era tan parecido y la gente era tan distinta. Fue la segunda persona en no solo brindarme una oportunidad dentro de las aras del periodismo, me dio su amistad y me acogió como su alumno principal, a lo que puedo decir que toda mi vida estaré profundamente agradecido.

Para muchos será extraño pensar que alguien diga que extrañará a su jefe del trabajo, que le hace triste su muerte y que no tiene más que buenos recuerdos de esa persona. La mayoría de los trabajadores odia a su patrón, ya sea porque es despectivo, odioso, maldoso, perezoso, desentendido o simplemente porque es su jefe y odia su empleo por lo que pensar en su muerte le sacaría una gran sonrisa; sin embargo este no es mi caso, puedo decir que ese gran hombre me enseñó con tal viveza que se ganó mi franca admiración. Si algo me entristece de gran forma sobre todas las cosas es el hecho de la forma en que me enteré de su muerte.

Y es que estos días no he estado para todo el mundo, la verdad que sí; me gusta encerrarme y olvidarme de que en este planeta somos tantos y a la vez tan poco, entonces a momentos deseo ignorar que tengo amigos y de que existo y estoy ahí sin ser yo y por eso guardo silencios. Casi un mes llevo en la ausencia de mi yo social y ayer entré a revisar mi página de facebook, entonces encontré un breve mensaje de mi amigo Sergio Muriel que me decía en no más que tres pares de palabras que Don Fernando había muerto.

Es gracioso pensar en que es la vida en la actualidad y las leyes y tradiciones que se han formado a lo largo de los años como lo son los servicios de perfiles sociales electrónicos. Sirven para conocer gente profesional, amistosa, románticamente, para estar en contacto con gente que quizá no está cerca y ahora, como es mi caso, para enterarte de que alguien no estará más ahí.

¿Qué se ha hecho mi vida que hoy me entero de que alguien murió por mi red social?

Cuando conocí a Don Fernando fue a través de otro gran maestro; el señor Mario Andrés Campa Landeros, otro gran periodista de esos que menciono que ya no existen más, ellos eran amigos quizá con un par de ideas distintas, pero siempre la misma vocación. De ellos aprendí que lo importante no es quien informa, es la noticia en sí, que la firma se gana, que las formas al momento de informar importan y que el periodista es un ser que nace, pero que nunca deja de hacerse. Aquellos hombres me enseñaron que en la vida real no existe tiempo para dar un vistazo a lo aprendido, lo aprendido se debe manejar con maestría y lo demás es improvisar sobre lo imprevisto, me enseñaron que el periodismo es otro tipo de literatura al que no todos se atreven a entrar porque es complicada pero siempre apasionante.

Don Fernando siempre me contó de sus épocas de periodista, cuando se inició y cuando ya estaba avanzado, me enseñó mañas y me dio carácter, me hizo sentir la verdadera naturaleza del periodismo y por ello jamás le olvidaré. De hecho le extrañaré.

Siempre me hizo sentir que yo tendría un gran futuro dentro de esta profesión, me mostró que yo era capaz y no solo eso, también me enseñó la ética del trabajo, me dio las bases para que, si algún día llegaba a ser lo que él creía lo hiciera del modo más correcto. Me habló de lo frecuente y de lo infrecuente, me mostró las situaciones dentro de oficina noticiosa, de eso que debía cuidarme y de lo importante que es para un periodista de verdad tomar decisiones correctas no por dinero ni fama, por profesionalismo.

Me enseñó a mirar críticamente los hechos que acontecían en el mundo de todos y en el mío propio, a bajar de pedestales a los ídolos y a los temidos y a mirarles de frente, a la par; me enseñó a distinguir entre periodistas que se ocupan de informar y de otros que se encargan de ser ellos mismos la noticia. De aquellos que se creen mesías y de otros cuantos que “bajita la mano” hacen el trabajo de informar real. Me abrió los ojos un sinfín de ocasiones sin creerse más que yo, por eso él era un verdadero jefe, jamás se sintió más que otros, en el oficio simplemente demostraba porque era el mismo y a los que sabíamos menos nos enseñaba sin faltarnos en ningún aspecto jamás.

De qué pasará conmigo en esta vida no lo sé, lo que sí puedo decir es que lo que bien sé es gracias a él, ojala muchos jóvenes que van para periodistas hubieran tenido la oportunidad de conocerle, seguramente aprenderían mil cosas, muchos se darían cuenta que van por un camino incierto pero apasionante, otros muchos se quedarían callados y sabrían que el periodista no está ahí para que lo escuchen; que está ahí para decir las cosas -que no es lo mismo- y que la comunicación no es fama y reconocimiento. En cambio, el verdadero periodista estará ahí, quizá en las sombras realizando su labor con entrega y oficio.

El verdadero periodista no está ahí en busca de reconocimientos, los obtiene por méritos reales, su labor es más entregada y detrás de bambalinas, tampoco es ese que sale en la televisión y en el radio y opina a destajo sin darse cuenta de que le están escuchando y que lo que dice quizá tenga peso. Es aquel que muchas veces se traga su pasión y dice las cosas que son le agraden o no. A menudo me enviaba sus artículos a mi correo y yo los leía con gusto y esmero, tratando de aprenderle en cada uno un poco más, me da nostalgia pensar que esto no sucederá otra vez, que el último correo que me envió fue efectivamente el postrimero.

Sin embargo me alegra saber que hace no más que un par de meses cuando leí una columna suya le escribí un breve correo en que le decía que era un maestro y que estaba de acuerdo con un par de cosas que mencionaba. Le dije que por eso mismo yo le consideraba mi mentor y le mandé un abrazo. Su respuesta fue breve y concisa respetando siempre su énfasis en no crecerse ni decrecerse ante las críticas: “gracias Diego, te sigo leyendo y estamos en contacto. Que estés bien. Un abrazo”.

Hasta algún día Don Fernando.

DIEGO PEREZ MORALES