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Anti fair play de la Federación Mexicana de Fútbol: Evasión fiscal

Balón Cuadrado
Jesús Yáñez Orozco

 

Hace 40 años comenzó a ser práctica común la doble contabilidad en los clubes profesionales del futbol mexicano. Involucra a jugadores y directores técnicos por los estratosféricos salarios que devengan. Hasta la fecha campea el bonito deporte de la evasión fiscal sobre el verde césped de la holgada cancha de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Que, como se dice popularmente, equivale a Tío Lolo. Hace unos días volvió a causar polémica porque se hizo público otro caso.

Permisividad que es parte del eficaz engranaje del circo institucional. Balón, opiáceo que necesita el pueblo para atemperar la vida cotidiana en un país hecho jirones. Por eso la laxitud de la autoridad.

Y se mira, por ejemplo, cada cuatro años, con la participación del Tri en copas del mundo de la MaFI(a)FA, donde siempre aspira a ser campeón aunque no supera el cuarto partido, y en cada torneo de la Liguita MX, que la industria mediática –con las televisoras a la cabeza– hace parecer la Champions League.

Es histórico el recurrente el tema de los dobles contratos. Comenzó en tener auge en la década de 1980. Es una ley no escrita entre los Zares del balón en México en connivencia con las autoridades hacendarias. Una especie juego sucio, uno de tantos que practica la Femexfut.

Todo se perdona. Incluso uno de los mayores pecados capitales: el lavado de dinero. Porque el argumento es que el balompié cumple una “función social”.

Como siempre, los involucrados se desgarrarán las vestiduras y nada pasará. Vuelta a la página. Así ha sido, es y será, per saecula saeculorum –por los siglos de los siglos–. Volverá a ocurrir y nada pasará. Es una suerte de ópera bufa.

La práctica de los dobles contratos en los clubes del balompié nacional comenzó a ser común en la década de los 80s.

Aún se recuerda cómo, el actual técnico de Egipto, Javier Aguirre, cuando jugaba con Chivas –uno de los clubes más populares del futbol mexicano– tuvo que negociar el pago de sus impuestos, no declarados por el equipo, ante la secretaría de Hacienda.

Tras varios años, el ex futbolista –quien dirigió a la selección de Japón y a clubes de España y Arabia Saudita, además de haber estado en dos ocasiones en el banquillo del Tri– pudo cumplir con las obligaciones fiscales. Otros jugadores vivieron situaciones similares. Hubo quienes temieron ir a la cárcel.

El club rojiblanco, como la mayoría, tenía doble contabilidad para evadir el pago de impuestos. Hasta la fecha, pese a los supuestos esfuerzos de Hacienda, ha sido imposible erradicar.

Aún está vívida una de las intimidatorias campañas publicitarias que más huella ha dejado en lo relacionado con el pago de los impuestos.

Aquella que nos amenazaba:

“Cumples y te encuentras con Lolita; fallas y te encuentras a Dolores”.

Podría decirse que es el anuncio más exitoso en este tema. Tanto que hoy en día muchos contribuyentes siguen usando el término “Lolita” para referirse a la SHCP a pesar que tiene ya más de 30 años de que salió por primera vez en los medios de comunicación.

Hay garbanzos de a libra en el periodismo nacional que abordan con acuciosidad este espinoso tema de la evasión fiscal en el deporte mexicano, futbol en particular. Uno de ellos es el diario La Jornada. En su columna deportiva semanal que publica los lunes hace un interesante análisis.

“El deporte que mejor practica” la Federación Mexicana de Futbol –asegura el periódico– “es la evasión de impuestos”, porque la FMF vive convencida de que es un “privilegio” que le corresponde.

Recuerda que en 1999 el empresario Juan Antonio Hernández, quien fungía como tesorero, en su calidad del sueño del equipo Toros Neza, cometió la osadía de pagar impuestos por primera vez: 23 millones de pesos.

La indignación invadió a los propietarios de equipos… lo destituyeron. No volvió a regresar. Es dueño de una empresa automotriz de Autofinanciamiento, Autofin.

Raúl Quintanilla, el siguiente tesorero, tramitó la devolución, lo que logró sin gran esfuerzo. En 2012 Justino Compeán, entonces titular de la FMF, presumió que Hacienda les condonaba pagos porque “fomentamos el deporte”.

Poco después, el panorama se endureció y en 2016 fueron multados con 79.9 millones de pesos por no declarar ingresos hacia el Mundial de Sudáfrica 2010.

No tardaron en encontrar otras rutas. De pagar 700 mil pesos al fisco, como debería ser, “¡pues claro que uno acepta que quede en 50 mil pesos!”, exclamó un técnico desde el anonimato.

El tema de los dobles contratos retomó vigor tras la renuncia de Guillermo Vázquez al timón del Veracruz: cuando acusó a Fidel Kuri de pagarle sólo el concepto menor de dos convenios, el ex diputado del PRI, sin rubor, aceptó su adicción a los dobles contratos.

Kuri Grajales es el espejo oscuro del resto de los presidentes de clubes. Todos, en mayor o menor medida, tienen mano de hierro en guante de seda. Son, por usar un eufemismo, impresentables.

Imponen, desde su poder omnímodo, medidas inconstitucionales a los esclavos del balón.

Aunque muchos dueños se quejan de tener sólo pérdidas, el futbol tiene todas las características de un pingüe negocio. Hacia un Mundial la FMF recibe importantes sumas de dinero, convoca a múltiples patrocinadores y recibe cifras millonarias de las televisoras para la transmisión de partidos. Lo mismo ocurre con cada club, por tanto, están obligados a pagar tributo.

Al margen de que el conglomerado de clubes, llamado la famiglia –porque se maneja al estilo de la mafia siciliana— bajo la coraza de la FMF son subvencionados por los gobiernos federal, estatales y municipales.

El caso más emblemático es Televisa, propiedad de Emilio Azcárraga Jean, dueña del club América. En la presente administración “lolita”, que suele ser generosa, le ha devuelto cerca de tres mil 500 millones de pesos por concepto de impuestos.

“La promoción del deporte es una falacia”, asegura la columna de La Jornada, firmada por la reportera Marlene Santos Alejo.

Los dueños de equipos, aficionados a importar jugadores, debutan jóvenes sólo coaccionados con reglamentos. Amén de que directivos, promotores y entrenadores, en un acto incalificable, les piden las perlas de la virgen por jugar en la liga MX.

“El SAT no debe simular”, esgrime Santos, porque está obligado a escudriñar a cada club y cumplir el anuncio de entregar resultados a más tardar en un par de meses. Pese a clamores como el de Gustavo Guzmán (Atlas-Tv Azteca), quien pide un régimen fiscal especial. Petición, quizá, al calor de sus excesos benditos del dios Baco.

Agrega La Jornada:

“Kuri concitó el enojo y está en el umbral del adiós. Como el goteo constante que rompe la roca, escándalo tras escándalo, el polémico personaje de nuevo desató la tormenta. ¡Y así quieren aumentar a 20 equipos, si con 18 abundan los incómodos e insolventes! Más de un prospecto a dueño debería de pasar antes por el alcoholímetro y el diván.”

Sin considerar, obvio, el lavado de dinero.

Kuri Grajales –quien en estado etílico llamó “mandilón” y “traumado” a Vázquez– acumula castigos que sólo le provocan risa. Todo en él es incoherente, pues mientras contrata al chileno Juvenal Olmos, prometiéndole cinco mil dólares al mes, ofrece al mejor postor al equipo.

No queda más que darle la razón al portugués Pedro Caixinha, director técnico de Cruz Azul, uno de los equipos más populares del balompié mexicano:

El futbol es como un microcosmos social.

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