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México: El difícil camino de la democracia

José Luis Ortiz Santillán

Han concluido las elecciones generales efectuadas este 1 de julio en México, las cuales han proyectado un ejemplo de civilidad en el país hacia el mundo y mostrado una madurez inesperada de la clase política nacional frente a los resultados. Por primera vez en el país, sólo con los resultados de las encuestas de salida, los candidatos que perdieron la elección reconocieron su derrota; pero también, los ciudadanos han tenido la certeza de que su voto ha sido respetado, dejando un precedente para las futuras elecciones y enviando un mensaje a los partidos sobre la fuerza de su voto de castigo, cuando no son escuchados.

Es posible que los partidos aún no salgan del asombro y no entiendan el por qué de los resultados. Pero han sido 18 años de políticas erradas que han hundido al país en el caos, que han empobrecido a los hogares y obligado a miles de mexicanos a dejar su país ante la imposibilidad de encontrar un empleo digno bien remunerado en él o los han empujado a delinquir para sobrevivir; y no se trata ahora sólo de campesinos sino de miles de profesionales, algunos graduados en el extranjero que han sido marginados del mercado laboral.

Una economía administrada durante años. En el pasado, el presidente Ernesto Zedillo debió enfrentar la crisis de los “errores de diciembre” en 1994, aceptar la imposición de los programas de ajuste y estabilización del Fondo Monetario Internacional (FMI) para hacer frente a una crisis que redujo las reservas internacionales a cerca de 11 mil millones de dólares; pero después cambió el escenario internacional y el contexto interno, se estabilizó la economía, pese a lo cual los gobiernos siguieron administrando al país bajo las mismas políticas, premiando a los capitales y olvidando a los ciudadanos.

La retorica engañosa de las reformas recientes, no mejoraron la economía nacional ni aumentaron los ingresos de los hogares. Las reformas aprobadas en 2013, en realidad sólo terminaron de abrir la economía nacional a la inversión extranjera y a la competencia, al liberalizar los hidrocarburos; mientras que la reforma financiera sólo sirvió para dar seguridad a los capitales extranjeros y permitirles que sigan drenando sus beneficios al exterior; haciendo crecer la pobreza y la inseguridad.

En medio de una crisis económica y social, la cual nunca reconoció el gobierno, los partidos terminaron pagando su cuota. Además de la inconformidad nacional de los ciudadanos por la inseguridad, la violencia y la corrupción, cada partido le dio elementos a sus militantes para abandonarlos; los partidos ignoraron la voz y las opiniones de sus miembros y al final, las cúpulas de los partidos impusieron sus candidatos en cada elección, sus militantes protestaron y terminaron por emprender la retirada; algunos decidieron optar por el retiro y se fueron a sus casas, otros decidieron sumarse a MORENA y al final este movimiento terminó capitalizando no sólo el descontento nacional, por los 30 años de políticas neoliberales que han empobrecido a millones de hogares, sino también el de miles de militantes de los partidos tradicionales y simpatizantes.

El nacionalismo revolucionario se extinguió en el PRI. Mientras en el PAN y el PRD la lucha por el poder agrietó sus filas, en el PRI se fue diluyendo el nacionalismo revolucionario que le dio vida a este partido y lo ligó con millones de mexicanos durante años, de tal suerte que la diferencia de ideas sobre muchos temas de política económica entre priistas y panistas ha sido nula; en el sexenio que concluye, muchos cuadros del PAN siguieron en posiciones relevantes cobijados por el PRI y muchos priistas que esperaban acceder a la administración pública como premio a su trabajo en 2012, se quedaron esperando.; mientras el nacionalismo revolucionario se mudaba de filas hacia MORENA.

Los resultados han sido contundentes y no ha hecho falta la existencia de una segunda vuelta en el sistema electoral mexicano. El candidato de MORENA, Andrés Manuel López Obrador, obtuvo más del 50% de los votos; el candidato del PAN, Ricardo Anaya, el 22.5% y el candidato del PRI, José Antonio Meade, sólo el 15.95%; es decir, más del 50%+1 del total de los votos, en una elección histórica, que el conteo total de los votos y participantes dará cuenta de ello.

Ahora es el momento de poner fin al enfrentamiento y trabajar por México. Una vez concluida la elección y en espera del computo total de los votos, los partidos deberán realizar un análisis de su actuación; en algunos casos deberán pensar en refundarse y en otros, sin duda, la lucha por ver quien se lleva lo que queda de ellos será intensa; pero lo fundamental, será trabajar en el Congreso en analizar, de manera crítica, la realidad económica y social del país, a fin de proponer y aprobar reformas que le devuelvan a los mexicanos la esperanza en México.

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