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Con esta victoria, “ya nadie se acuerda” del 7-0 ante Chile: Memo Ochoa

“Jugar por el amor a ganar y no el temor a perder”, afirma Juan Carlos Osorio

Jesús Yáñez Orozco

 

Ciudad de México.- Nadie lanza las campanas a vuelo. Mesurados, calculadores, en sus palabras, ante el micrófono. Tienen la cabeza fría y el corazón caliente, pese a la hazaña futbolística que acaban de realizar. Brillan de emoción sus miradas. Rostros, cálidos témpanos de hielo. Algunas vidriosas por el llanto contenido. Acaban de vencer 1-0 al campeón del mundo, Alemania.

Resultado insólito para la selección mexicana en una copa del mundo. El empate, a lo sumo, era ganancia.

Pero ¿un triunfo?

Impensable…

Imposible…

Pero es así.

Hablan Guillermo Ochoa, portero; Hirving Lozano, el anotador; y Juan Carlos Osorio, el técnico.

Con este triunfo, asegura el guardameta, “ya nadie se acuerda” del 0-7 ante Chile, en la Copa América de 2016, reflejo que aún le duele. Derrota histórica, como memorable es la victoria de hoy. Por su mente pasan sentimientos encontrados. Porque él recibió aquella goleada y bajó la cortina de su arco a la metralla germana.

“Más perfecto que el 1-0 imposible”, agregó. “Supimos aguantar el sufrimiento. Los obligados eran ellos. Importante los 3 puntos”. Elogió calidad, carácter, valor, atrevimiento, personalidad, que mostró el equipo.

“Gran aplomo”, resumió, que permitió un partido “muy bueno”, gracias a la unión grupal mostrada.

Chucky Lozano se mostraba contento, feliz. Pero los más importante, explica fue cómo se manejó el partido. “Todos metimos. Trabajamos. Gracias a Dios sacamos el resultado”, dice como en una plegaria con un rosario imaginario entre sus dedos.

–¿Fue la mayor victoria del Tri?

Responde con su rostro infantil. Desde sus labio se cuelga una fugaz sonrisa.

“No sé si la mejor. Pero una de las más importantes: empezar con el pie derecho contra el mejor equipo.”

Acepta, sin sombra de suda, que es el mejor gol de su vida.

“Creo que sí. Todos soñamos jugar un mundial. Y un debut en un mundial tan significativo, sí es.”

El director técnico colombiano se desvivió en elogios para sus jugadores a quienes dio todo el crédito de la victoria. Porque, su filosofía es que cuando hay derrotas, el responsable es él. Los triunfos son competencia de sus dirigidos.

Estaban convencidos, explica, que esta vez debían “jugar por el amor a ganar y no el temor a perder”.

Definió a los jugadores como “muchachos extraordinarios. (Exhibieron) solidaridad, comportamiento, compromiso, entrega. Determinación de competir con los campeones del mundo. (Hoy) nos dio muy buenos resultados.”

Agradeció el apoyo a “todos los que han creído en este proceso”. Y a los que no, aclaró sin sombra de queja, resentimiento, “seguiremos trabajando para algún día convencerlos…”

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