Miércoles 28 de Junio de 2017
     

Trump dispuesto a rediseñar las reglas del comercio

omc-usa


José Luis Ortiz Santillán

La comparecencia del ex director del FBI, James Comey, ante el Senado de los Estados Unidos ha demostrado que el presidente Donald Trump no tiene escrúpulos. Por qué razón el presidente Trump habría de tenerlos a la hora de renegociar acuerdos comerciales, como el Tratad de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con el cual no está de acuerdo.

Lo anterior es sólo una muestra de que el impredecible presidente de los Estados Unidos puede hacer cualquier cosa, incluso manipular a su favor las normas de trato preferencial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), si eso le proporciona beneficios a sus compromisos de campaña y le garantiza la reelección; pues lejos de lo que los medios trata de hacer creer a la opinión pública sobre el fin de sus días al frente del gobierno, él está trabajando para imponerse a capa y espada en el gobierno y enfrentar a la multitud de sus enemigos.

A penas han pasado un par de semanas, desde que fue nombrado representante especial en materia y Robert Lighthizer no ha parado de moverse en el escenario mundial. El miércoles y el jueves pasado estuvo en París y al margen de la reunión ministerial de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), de la propia reunión de ministros de comercio efectuada paralelamente, Lighthizer conversó con Cecilia Malmström, Comisaria Europea para el Comercio.

Si bien oficialmente se ha señalado que la reunión entre Lighthizer y Malmström fue cordial, ha trascendido que discutieron del fortalecimiento de los vínculos comerciales entre los Estados Unidos y la Unión Europea, por lo que posiblemente podrían reactivarse las discusiones sobre el Acuerdo Comercial de la Asociación Transatlántica (TTIP); no obstante, los dos funcionarios también conversaron sobre los preparativos para la reunión de los ministros de Comercio de la OMC en diciembre próximo en Buenos Aires, Argentina, donde podría haber sorpresas por parte del presidente Trump.

No podemos omitir que hoy, contrariamente al espíritu europeo que defiende el multilateralismo y el libre comercio, los Estados Unidos se han declarado enemigos del libre comercio y son más partidarios de acuerdos comerciales bilaterales. Robert Lighthizer ha hecho una primera valoración sobre el estado de cosas y el estado de animo de los europeos sobre una política comercial de la nueva administración aún sin definir con claridad, pero que no apuesta por el librecambismo.

Quizá por esa razón Washington se ha tomado el tiempo necesario para designar a su representante permanente ante la OMC, de la cual podría incluso salir para establecer sus propias reglas comerciales a espaldas del mundo y sin que le importen los efectos; lo que facilitaría poner fin al TLCAN y establecer sus desproporcionales barreras arancelarias por arriaba del 35%.

Aunque se sabe que Washington es el principal usuario del Órgano de Solución de Diferencias (OSD) de la OMC, su intensión es reformarlo para ajustarlo a sus necesidades en los arbitrajes de las disputas comerciales entre países; pues quiere garantizar que las decisiones tomadas por el OSD en un conflicto se apliquen correctamente y que no haya engaño.

La nueva administración de los Estados Unidos no simpatiza con los principios fundamentales del sistema actual del comercio internacional, particularmente con la cláusula de la nación más favorecida, el artículo I del antiguo GATT que dio origen a la actual OMC; pues ésta prohíbe que los países tengan prácticas discriminatorias entre sus socios comerciales y los obliga a darles el mismo trato en términos de aranceles. Lo que implica que, si un país reduce sus barreras arancelarias para un producto determinado, por ejemplo el acero, está obligado a hacer lo mismo con todos los demás miembros de la OMC.

Precisamente este es el principio en el cual tiene fijadas sus esperanzas México, en que si los Estados Unidos deciden eliminar el TLCAN siempre quedará la posibilidad de recibir el mismo trato que ofrecen a los productos de los países miembros de la OMC; lo cual podría solucionar el presidente Donald Trump sacando a su país de la OMC y estableciendo sus propias reglas en materia comercial, dándole la espalda al libre comercio y a la integración comercial, en la cual no tiene ningún interés.





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