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Paradoja del periodismo amarillista

  • Director de La prensa, robó la playera de Tom Brady
  • Fue localizada a mil 200 kilómetros de distancia
  • Valuada en 500 mil dólares, apareció en el Estado de México

Agora Política
Jesús Yáñez Orozco

Se cumplió en el periodismo mexicano aquella frase popular: el que hierro mata, a hierro muere.

En el marco del acendrado discurso neofacista y antimexicano del presidente Donald Trump, el nombre de Martín Mauricio Ortega Camberos –casi desconocido, con una oscura estela de traidor– como director de La Prensa, uno de los 70 periódicos y 20 radiodifusoras, propiedad del monopolio Organización Editorial Mexicana (OEM), vinculada al PRI –partido en el poder– la más importante de América Latina, saltó a la fama mundial por un hurto y se convirtió el noticia en su propio medio, paradoja del periodismo de nota roja.

Ortega fue captado en los vestidores de los Patriotas, en un video de 14 minutos, el pasado 5 de febrero, que dio la vuelta al mundo, mientras hurtaba –escondido debajo de su camisa blanca– el jersey de mariscal de campo de los Patriotas, Tom Brady, amigo de Trump, con el número 12, luego de ganar el Súper Tazón 51 de la NFL a los Halcones de Atlanta, que significó su quinto título, en Houston, Texas. Hubo siete mil 500 reporteros acreditados. Las imágenes fueron difundidas el domingo 19 y lunes 20 de marzo.

Luego de 44 días, la prenda –valuada en 500 mil dólares– fue localizada, en coordinación entre el FBI y la Procuraduría General de la República— a unos mil 200 kilómetros de distancia, en su domicilio, en Atizapán de Zaragoza, Estado de México, una de las entidades más violentas del país, que gobierna el priísta Eruviel Ávila. En la operación de cateo, encontraron otro jersey de Brady, usado en el Super Bowl XLIX ante los Halcones Marinos.

De acuerdo con un reporte de la agencia noticiosa Dpa, Ortega tenía también intención de vender un casco del jugador de los Broncos de Denver, Von Miller, así como unas zapatillas de Jerry Rice.

Había acudido, con acreditación de prensa, a 13 ediciones del Super Bowl, según la página web Primero y Diez. Iba de “colado”. No realizaba ninguna labor reporteril. Nada publicó en su medio. Todo indica que era coleccionista compulsivo de este tipo de prendas.

La historia del hurto de Ortega, egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien obtuvo su cédula profesional en 1990, dado de baja en 2000 por el Club de Periodistas Primera Plana, saltó a las primeras planas de los principales diarios de circulación nacional, de información general y deportivos, destacada en los espacios noticiosos de radio y televisión, se hizo viral en redes sociales y motivó sorna en memes.

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El diario la Prensa, en un comunicado oficial se deslindó de Ortega. Informó que el periodista había presentado su renuncia el pasado 14 de marzo, por motivos familiares.

El vocero presidencial de Estados Unidos, Sean Spicer, tomó a chunga el caso de Ortega, sin mencionarlo por su nombre, con la prensa que cubre la Casa Blanca, a la que ha confrontado de manera frecuente desde que asumió el cargo.

“Estoy feliz de que el individuo en el cuerpo de periodistas que tomó el jersey de Tom Brady lo haya devuelto de manera apropiada”, dijo Spicer antes de terminar su conferencia de prensa, lo que provocó las risas de algunos comunicadores.

Esbozando una amplia sonrisa, Spicer remató:
“Otro mal ejemplo de la prensa, pero corregimos esa falla”.

También fue tema destacado por columnistas políticos –quienes lo quemaron en leña verde verbal, porque justifica el discurso antimexicano de Donald Trump. Algunos con mesura y otros, incordiados, en contra.

Julio Hernández, en su columna Astillero, en el diario La Jornada, escribió el martes 21, con los dardos envenenados que lo caracterizan:

Ayer, por lo pronto, un ex ocupante de Los Pinos (Felipe Calderón Hinojosa) saltó en Twitter con ánimos justicieros: “Una verdadera vergüenza que un mexicano haya robado el Jersey de Tom Brady. Le da pretextos a la ofensiva antimexicana. Debe castigársele”.

Entre otras respuestas que recibió el ex presidente, escribió Hernández, hubo una, astillosa:

“Hay tantos mexicanos, @FelipeCalderon, que han robado (hasta elecciones), dan pretexto a ofensivas antimexicanas y no se les castiga…”

Catón, en el diario Reforma, cuya información fue difundida en redes sociales, escribió iracundo:

“El burdo latrocinio llevado a cabo por Mauricio Ortega causa gran daño a nuestro país en un momento crucial de su relación con Estados Unidos. En efecto, el robo que el insensato hizo del jersey que Tom Brady vistió en el Super Bowl viene a fortalecer a Trump, pues parece corroborar sus aserciones en contra de México y los mexicanos”.

En un juicio moral, escupió:

“Sufrirá sin embargo un castigo aún más grave: toda su vida, hasta la muerte, cargará con el calificativo de ladrón. Ciertamente merecería más bien el de ratero, grado ínfimo en la escala de los que se dedican a robar. Otros bribones de peor calaña que él hay en el país, eso es verdad. Pero una cosa no justifica la otra”.

En un oscuro proceso legal, como solía hacer Mario Vázquez Raña para apropiarse de medios informativos, logro doblegar –con triquiñuelas y el poder de su dinero– a los 300 cooperativistas de La Prensa. Uno de sus dirigentes, Ortega Camberos, recibió una jugosa oferta para traicionar a sus representados: la dirección del diario.

No lo pensó dos veces.

Hay versiones, entre los cooperativistas, que el enojo por el engaño sufrido, costó la vida a más de alguno de sus compañeros.

La página web Silla Rota, cuyo lema es “los medios bajo la lupa”, hizo una breve, pero significativa radiografía, de este fenómeno mediático en redes sociales, que desmenuza cómo es posible que haya sido Ortega su director.

Explica con sorna que hace muchos años que el diario La Prensa no alcanzaba “tanta notoriedad” como el pasado fin de semana largo –domingo 19 y lunes 20 de marzo– cuando un directivo apasionado del futbol americano convirtió a ese rotativo en “trending topic” internacional por su manía –“de alguna manera habría que llamarla”- de hurtar camisetas y otros objetos preciados de jugadores en el llamado “Súper Tazón” que se disputa en Estados Unidos.

Pero el problema de ese periódico, advierte, “es mucho más agudo que esa noticia lamentable”. Se trata de la historia, reconoce, de uno de los periódicos más populares y prósperos en la historia contemporánea, pero que ha sido orillado casi a la extinción.

“Bien puede decirse que en México los periódicos no mueren, se pudren”, enjuicia.

El otro diario, puntal de la OEM, es el deportivo Esto.

En agosto próximo cumplirá 89 años ese rotativo que escogió el lema de “El periódico que dice lo que otros callan”, fundado en 1928 por Pablo Langarica, muerto sorpresivamente tres años después.

En días pasados, en un comunicado en redes sociales –tras la ominosa salida de Ortega– La prensa anunció los cambios: Luis Jesús Carriles Sánchez (director), Martha Citlalin Ramos Sosa, (directora general editorial), Francisco Torres Vázquez (director general adjunto), Héctor Gutiérrez González (gerente administrativo), Jesús Sánchez Ramírez (subdirector) y Jesús Sánchez Villarreal (director general de administración).

En dicho texto fue omitido el nombre de Ortega. Los cambios son para seguir igual o peor: al servicio de los poderes institucionales y fácticos.

La publicación alcanzó verdadero lustre bajo el mando de Mario Santaella de la Cajiga, que había sido fundador en el modesto cargo de mensajero, pero quien en 1947 se convirtió en gerente general y tomó el poder total desde 1955, ya como Director General y Gerente.

Formalmente una cooperativa, “La Prensa” fue conducida por Santaella como una empresa privada bajo control férreo.

Pero en sus mejores momentos tuvo el mayor tiraje que haya conocido un periódico mexicano –se habla de 500 mil ejemplares diarios-, además de producir suplementos y libros de bolsillo –los famosos “Populibros”.

En su redacción en la histórica sede de Basilio Vadillo 40 se formaron muchos periodistas notables en las lides de la cobertura policiaca. Entre ellos Manuel Buendía, a la postre, notable columnista político, asesinado en el 30 de abril de 1984, durante el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado.

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Una mala administración financiera y una ruptura política con el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, explica, atrajeron una forzada declaratoria de quiebra para la cooperativa en 1993. La empresa fue puesta en manos de dos figuras cercanas al salinismo: el comunicador social Manuel Alonso y el banquero Carlos Abedrop Dávila.

Según la Silla Rota, se intentó complementar el modelo con una breve administración por parte del Grupo Prisa, con resultados desastrosos debidos a la gestión de Alonso, que sepultó la fortaleza popular del diario para intentar convertirlo en un símil mexicano del madrileño “El País”, “pero insípido y progubernamental”, lo que “resultaba estrafalario, para decir lo menos”.

Finalmente, recuerda, en 1996 el periódico fue comprado por la OEM, que presidió el empresario Mario Vázquez Raña, ya fallecido, negaba en público su simpatía priista. Tras casi 20 años de ese hecho, “La Prensa” parece agonizar sin lugar propio en el espectro noticioso, rebasado claramente por otras publicaciones populares, como “El Gráfico”, de “El Universal”, o “Metro”, de “Reforma”.

Pregunta, la Silla Rota, para concluir:

¿Revivirá alguna vez “La Prensa”?

Si se toma en cuenta que abajo del cabezal de ese diario aparece el nombre de Paquita Ramos de Vázquez, viuda de Mario Vázquez Raña, como presidenta y directora general, la respuesta se puede deducir.

pumaacatlanunam@gmail.com
tzotzilyaoro@hotmail.com
@kalimanyez

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