Miércoles 28 de Junio de 2017
     

Oscar Pérez, saurio futbolero

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  • A los 44 años, está en el dintel del retiro
  • Anotó un gol que dio la vuelta al mundo
  • Portero, la posición más sufrida, reconoce
  • El Conejo detuvo dos penaltis a Luis Figo

Agora Deportiva
Jesús Yáñez Orozco

 

En el océano de perfidia crónica, que hace más de medio siglo caracteriza al futbol mexicano – sus dirigentes sostienen la falacia que es la cuarta liga más importante del orbe– apareció una pequeña isla de esperanza de la que hay que ufanarse. Con historias así, pareciera que el fantasmal balompié nacional tiene sombra de cura. Ocurrió el pasado 29 de abril, durante la jornada 16 –de 17– de la Liga MX: su gol dio la vuelta al mundo.

El responsable fue el portero del Pachuca, Oscar Pérez Rojas. A los 44 años de edad, el más longevo del balompié nacional. Una especie de saurio del balón. Está en el dintel del retiro, después de 25 años como portero profesional. A finales del presente año, anunció, colgará guantes y botines.

Hizo una memorable anotación. Una de las tres que ha anotado a lo largo de su carrera.

La imagen de Pérez, testa rapada –una especie de guerrero mongol mexicano– dio la vuelta al planeta con el gol que, entre un mar de jugadores rivales, anotó con la cabeza-hombro en el partido entre Tuzos y Cruz Azul. Permitió el empate 2-2. Tuvo un inesperado valor agregado: eran los estertores del juego: minuto 93.

(http://www.espn.com.co/futbol/mexico/nota/_/id/3112586/gol-del-conejo-perez-le-da-la-vuelta-al-mundo)

De acuerdo con versiones periodísticas, un medio de comunicación en Italia y otro en Brasil –donde se juegan dos de las ligas más importantes del mundo– destacaron lo que hizo el guardameta del cuadro hidalguense. También se resaltó en la prensa de habla hispana, (https://www.youtube.com/watch?v=NtEO_XTIUDQ) como en el Diario Diez, Honduras; ADN Radio, Chile; en Sport y El País, España.

Algunos medios recordaron el que logró con el Cruz Azul, también con la testa, en un juego del torneo Apertura 2006, contra Tecos de la UAG. Su primer gol fue con la Selección Mexicana sub-23 contra Corea del Sur, en 1996, con disparo de zurda dentro del área grande.

Curioso, los dos últimos fueron al mismo portero: Jesús Corona.

Bendita, lúcida, senilidad futbolera del Conejo, como es apodado el guardameta. Como futbolista es considerado, en broma, parte del FBI (Fuerzas Básicas del Insen –Instituto Nacional de la Senectud–).

Pese a medir 1.72 de estatura, las anotaciones con la cabeza, han sido gracias a su extraordinario resorte al brincar: casi metro y medio, sin tomar vuelo. Cuando salta, suele ufanarse, puede llegar a tocar el travesaño de la portería –2.44 metros de alto– con la punta del pie derecho.

Por eso su apodo.

Su carrera dentro y fuera de las canchas lo ha convertido en ícono, tlatoani, del balompié mexicano. Su calidad moral –como persona y obrero del esférico— y sencillez no tiene pátina alguna de mácula. Salvo una vez, en diciembre pasado de 2015, que fue detenido 24 horas tras no pasar el examen de alcoholemia en la Ciudad de México. Estuvo en el Centro de Sanciones Administrativas conocido como El torito.

Nunca se ha encandilado con los reflectores mediáticos.

“Leyenda”, lo consideran algunos cronistas.

Al primero de febrero pasado, Pérez se perfilaba como el jugador con más partidos jugados en México: 719 partidos y acecha el récord de su amigo Oswaldo a Sánchez, con 725. Cuando finalice el siguiente torneo impondrá una marca que será difícil de romper. Cerca de 740 juegos.

 

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La cereza del pastel para El Conejo sería retirarse con un título más en este o el siguiente campeonato, finales de 2017.

Óscar Nació el 1 de febrero de 1973 en Zapotlán de Juárez, estado de Hidalgo. Debutó en 1993 con el equipo cruzazulino. Con él ganó su único título de liga, en 1997, último –de ocho– conseguido por ese equipo en los últimos 20 años.

Hace unos días el Pachuca obtuvo la Liga de Campeones de la Concacaf al derrotar 2-1 (marcador global) a Tigres de la UANL, y representará a México en el Mundial de Clubes en Emiratos Árabes que arrancará el 16 de diciembre.
Para esa cita ya hay definidos dos equipos campeones, además de los Tuzos: Auckland City (Liga de Campeones de Oceanía) y Al Jazira (Emiratos Árabes Unidos). Faltan por definir los monarcas de Europa (Champions League), Sudamérica (Copa Libertadores), Asia (Champions Asiática) y África (Liga de Campeones).

Pero la anotación del Conejo no fue obra de la casualidad ni la suerte. O ‘de churro’, como se dice popularmente en México. Es producto de esfuerzo, constancia, dedicación, sacrificio. Amor por la pelotita.

Aún está fresco en la memoria colectiva otro hecho significativo en su vida futbolística: al portugués Luis Figo, entonces estrella del Real Madrid, cuando era el jugador más caro –46 millones de euros, unos 920 millones de pesos al cambio actual– e importante del mundo, detuvo dos penaltis en el torneo Teresa Herrera. Uno en el tiempo regular y otro en la serie, desde los 11 pasos, para definir al ganador.

Jugaban un cuadrangular con cuadro Merengue, Peñarol y Deportivo La Coruña. Mas, la Máquina quedó en último lugar. Fue el 10 de agosto de 2001. Ese día, bajo el arco del equipo Cruz Azul –uno de los cuatro más importantes del futbol mexicano, con América, Pumas y Guadalajara– quedará prendido en la mente del Conejo con argentinos clavos del tiempo.

Pérez Rojas jugó, además de Cruz Azul (1993 – 2008), jugó con Tigres UANL (2008 – 2009), Chiapas (2009 -2010),   Necaxa (2010 – 2011), San Luis (2011 – 2013) y de entonces a la fecha con Pachuca.

Si bien El Conejo no tiene el cariz goleador de guardavallas emblemáticos del balompié mundial, como José Luis Chilavert (Paraguay) o René Higuita (Colombia), incluso su compatriota Jorge Campos, pocos guardametas como él tiene los arrestos para pisar el área rival.

Entre los porteros que lo han inspirado se encuentran Iker Casillas (España), Edwin Van der Saar (Holanda), Gianluigi Buffon (Italia) y Peter Smichel (Dinamarca). Y del futbol mexicano: los argentinos, Héctor Miguel Zelada (América) y Norberto Scoponi (Cruz Azul) y sus compatriotas, Jorge Campos (Pumas, Cruz Azul y Atlante) y Pablo Larios (Pumas y Cruz Azul). Todos en el retiro.

En entrevista con quien esto escribe publicada en la Revista Play Boy (México), marzo de 2008, número 65, reconoció que el guardameta es el que más sufre en la cancha.

Explica:

“…Hay un libro dedicado a la portería que se llama, precisamente, El Mártir del Futbol. La verdad es que puedo andar muy bien, pero si hay un atacante rival, que es goleador, y que las mete todas, él será siempre quien brillará más. Si ando muy bien y tapo todas, y de repente me hacen un gol, por muy bien que ande, suelen decir que perdimos por mi culpa y se borra todo lo bueno hecho hasta ese momento.

–¿El peso psicológico de un equipo recae en un guardameta?

–Si. En los equipos campeones siempre han destacado sus porteros… Obviamente se conjuga todo… No es sólo el trabajo de una persona, sino del grupo. Cuando todo resulta bien es porque uno anda atinado y seguro en cualquier intervención.

— ¿Cómo refuerza el aspecto psicológico?

–No es fácil trabajar ese punto, lo tiene uno que ir formando desde niño. Aunque siempre existe la posibilidad de tener mala fortuna de equivocarse en un partido. Como todo ser humano estamos expuestos a eso. Cuando era novato me equivocaba y me ponía muy nervioso.

–¿Por qué?

–Porque todo mundo me miraba, estaba en la tele y sentía que si fallaba, le fallaba a mis compañeros, a mi familia, a mi mismo. Es un todo donde como portero debo buscar el equilibrio, serenidad y tranquilidad. Con el paso del tiempo eso se va aprendiendo, se va asimilando. Debemos trabajar mucho en el aspecto mental para que, en caso de que suceda algo inesperado, uno pueda superarlo. Si ocurrió, el objetivo inmediato es que no vuelva a pasar. Pensar que ya pasó y en la siguiente lo voy a hacer bien para darle seguridad al equipo. Pensar siempre que después de un error puedo rehacerme de inmediato en unos segundos para enmendarlo.”

Fuera de las canchas, también el cancerbero, es un futbolista atípico. Aunque tiene alto último modelo, Toyota gris, suele acudir a los entrenamientos en un Renault R5, modelo 1975.

El auto francés, cuenta con un motor de 1.3 litros con 60 caballos de fuerza y transmisión manual de 4 velocidades.

Llegó a México en 1975, y curiosamente fue construido de ese año hasta 1984 en la planta de Ciudad Sahagún, Hidalgo, por la empresa gubernamental Dina-Renault. Fue considerado el primer auto mexicano y actualmente es considerado como de colección.

 

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El pasado dos de mayo, el diario El Economista publicó una entrevista con el portero del Pachuca, que sale del acartonamiento que caracteriza a la prensa deportiva en México. Se tituló: Conejo, Pitágoras tenía razón.

Firmada por Marisol Rojas, escribió (http://eleconomista.com.mx/deportes/2017/05/02/conejo-pitagoras-tenia-razon):

Óscar Pérez, ordenando unos tacos, escogiendo una torta, deteniéndose para hablar con los medios tras un día de entrenamiento, el Conejo dando una plática sobre cómo llevar una alimentación saludable, un capitán que se acerca a sus compañeros en Tuzos para pedirles estabilidad y concentración. Todo esto es el portero de Pachuca y también —según la numerología de Pitágoras— es un número 5…

¿Era su destino cerrar su larga carrera con un Mundial de Clubes que le extiende su contrato unos meses más a petición del mismo club?

“Son carreras cortas como de 15 años, bueno yo ya me pasé un poquito, pero son casos especiales, ojalá que en México sigan saliendo jugadores de gran calidad” responde en entrevista con El Economista.

Pitágoras puede ofrecernos una respuesta acerca de esto del destino. Uno de los más grandes matemáticos y filósofos de la historia relacionaba el destino de una persona con su número de la vida, es decir, decía que la existencia podía explicarse reduciendo la fecha de nacimiento a un solo dígito.

El griego sustentó la numerología o significado de los números en el año 529 antes de Cristo, en una escuela de Crotona al sur de Italia y ha sido retomada en varias culturas y por grandes nombres como Platón, Johannes Kepler, Albert Einstein y Johann von Goethe.

A Óscar le corresponde el número 5, que señala a las personas disciplinadas, impredecibles y compulsivas, entre otras características. Todo esto ha tenido que ser el portero del Pachuca para extender —con calidad— su carrera de futbolista.

Es tan disciplinado que cuida todo lo que come, es impredecible porque cuando piensas que su carrera ha llegado a su fin te sorprende diciendo que quizás esté “un poco más”, es compulsivo como para salir despavorido de su portería para ir a rematar al arco contrario como el sábado pasado.

Al menos en la alimentación, Óscar no se restringe algunos gustos sin descuidar su peso 75 kg, superior a los 73 kg del promedio entre los jugadores del equipo.

“Conforme van pasando los años, mi cuerpo me va requiriendo de mucho más cosas, en cuanto a descansos y una buena alimentación, que esa durante el tiempo la he hecho como un hábito, ya trato de no malpasarme, es decir, comer de más. No te voy a decir que no, de repente, unos tacos, unas tortas, es normal en México y lo como cuando se puede”.

El Conejo ha sido embajador en conferencias de prensa sobre la salud preventiva, dando consejos como deportista profesional y siendo vocero, por ejemplo, en la presentación del balón Voit que tiene la campaña de prevención contra el cáncer de mama y próstata.

“Del sábado a la mitad de semana trato de descansar y dosificar el trabajo para no terminar tan molido, obviamente mi organismo requiere de más tiempo para la recuperación y con ayuda de Alán Cruz, el entrenador en jefe de los arqueros, lo vamos coordinando”, señala.

Óscar también puede ser la moda. Sí, a sus 44 años los Millennials lo aceptan, lo alaban y por eso repiten una y otra vez sus hazañas. Actualmente, de todos los jugadores del futbol mexicano es el de mayor edad, y luego de marcar un gol a Cruz Azul en el minuto 93, fue una de las sensaciones de las redes sociales y el Internet. Fue el más nombrado en el futbol nacional con 100 menciones a las 9:00 de la noche de acuerdo con datos de Google Trends.

Ni siquiera a la misma hora, la goleada de Monarcas sobre Pumas, generó esa difusión, con sólo 47 menciones. Otra herramienta estadística como ‘Tweetchup’ registró esa noche 1,592 tuits con la mención “Óscar Pérez” y 1,600 tuits mencionaron su cuenta oficial @Oscar_Conejo21.

Su nombre se volvió viral, busca permanecer en Tuzos aún después de su retiro con consejos a las jóvenes estrellas del equipo, entre ellos, el capitán Erick Gutiérrez, quien besó la frente de Óscar cuando marcó el gol ante Cruz Azul. Una escena que habla de admiración a un “clásico” jugador del futbol mexicano, quien pide “estabilidad emocional para encarar compromisos en instancias decisivas”.

El ‘Conejo’ revivió aquella “noche mágica” en la que le detuvo dos penales a Luis Figo.

Jugar un partido contra el Real Madrid es una experiencia inolvidable y más cuando le atajas dos penales a Luis Figo. Óscar Pérez, exportero de Cruz Azul, recordó lo que vivió durante el torneo Teresa Herrera en el 2001 cuando la Máquina se midió al cuadro merengue.

“Son experiencias inolvidables, son partidos que pocas veces se dan y tuvimos la suerte de jugar contra el Real Madrid, donde había figuras como Luis Figo, Iker Casillas, Raúl. Para mí fue bonito jugar ese duelo y, obviamente, la actuación que se me dio allá fue muy positiva”, mencionó el cancerbero en entrevista para Goal, en la que, incluso, compartió una vivencia con el delantero portugués.

“Luis Figo en son de broma, se acercó y me dijo:

“¿Que nada más a mí me atajas?” (risas).

Son experiencias maravillosas, en aquél momento, Figo era el jugador más importante del mundo, entonces, eso a uno lo llena de alegría y lo motiva”.

En efecto, Óscar Pérez Rojas es Conejosaurio del parque jurásico mexicano del balón.

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