Miércoles 18 de Octubre de 2017
     

Deuda China aterroriza a Moody’s

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José Luis Ortiz Santillán

La semana pasada la calificadora de riesgo de Wall Street, Moody’s bajó la calificación de la deuda soberana de China y todos los medios se hicieron eco de ese hecho. Por primera vez en 28 años, Moody’s decidió degradar la calificación de la deuda china, en un hecho sin precedentes de un país que ha sido la locomotora del crecimiento mundial en todos estos años de crisis del capitalismo.

Cuando Moody’s rebajó la calificación sobre la deuda soberana de China la semana pasada, la respuesta de Beijing fue inmediata. En horas, el Ministerio de Hacienda calificó la metodología de la agencia de inadecuada, señalando que carece de entendimiento de las leyes y reglamentos chinos. Los medios de comunicación estatales y los investigadores gubernamentales intervienen para desacreditar el análisis de Moody’s.

Sin duda, para el nuevo centro del mundo capitalista la rebaja en la calificación de su deuda ha sido un balde de agua fría. Pese a ello, Beijing ha afirmado que todo está bajo control y continúa poniendo en marcha las reformas adoptadas para preservar la estabilidad financiera en China y reducir los riesgos; pero pese a ello, Moody’s ha expresado su preocupación por el crecimiento de la deuda de la segunda economía mundial; pues las reformas no bastan para detener el endeudamiento creciente, según Moody’s.

La agencia de calificadora redujo el miércoles 24 de mayo la calificación de la deuda soberana de A1 a Aa3, señalando que la fortaleza financiera de China se está erosionando y el próximo año será más evidente este deterioro, pues la deuda total sigue incrementándose mientras que el potencial de crecimiento se está desacelerando.

Esto no sucedía desde noviembre de 1989 y la decisión de Moody’s provocó una reacción inmediata por parte del gobierno chino, quien criticó a la calificadora y acuso de usar procedimientos inadecuados que sobreestiman las dificultades de la economía china. Pero más que un SOS sobre el crecimiento en China y el éxito de las reformas, todo parece indicar que se trata de una medida de presión sobre el presidente Xi Jinping, que ha sido criticado por no hacer lo necesario para poner fin a los desequilibrios de la economía china, a pocos meses del próximo Congreso del Partido Comunista de China, que podría ratificarlo para un segundo mandato.

El mundo tiene los ojos en China, pero no oculta sus temores por un posible descarrilamiento de la economía asiática. Precisamente, esa especulación sobre el aterrizaje forzoso de la economía china, alimentado por las calificadoras, ha motivado la una fuga masiva de capitales a finales de 2016 y en las últimas semanas se han tomado muchas medidas para reforzar la regulación financiera.

La deuda de China se ha disparado desde 2008, año en que estalló la crisis actual. Los datos indican que hoy la deuda de China podría representar el 257.6% del PIB, bajo una estrategia de crecimiento alimentado con deuda por el gobierno, aferrado a seguir construyendo infraestructura y otorgando créditos baratos para estimular el consumo interno.

Bajo este contexto, la deuda china se habría convertido en una de las más elevadas del paneta, pero nadie apuesta hoy a que el gobierno modifique su política económica ni su estrategia de crecimiento ni que retire su apoyo financiero a las grande empresas estatales. Moody’s ejerce presión sobre China, pero difícilmente modificará el camino de las reformas emprendidas por el gobierno, más preocupado por reforzar el estricto control sobre el funcionamiento del sistema financiero, lograr un aterrizaje suave en respuesta a las recesiones económicas que enfrentan los países desarrollados.

Pese a ello, la calificación de China sigue siendo la quinta más alta del planeta y el resto de las calificadoras, como Standard & Poor’s y Fitch, aún no se pronuncian al respecto, esperando poder instalarse en China después de los anuncios hechos por el gobierno que permitiría su entrada para hacer negocios en su territorio, pese a la desconfianza de Beijing hacia las agencias calificadoras, las cuales alimentaron el estallido de la crisis actual en 2008.





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