Miércoles 24 de Mayo de 2017
     

Trinidad Maquiavélica del Boxeo

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  • Donald Trump, Don King y José Sulaimán
  • A 27 años de una tenebrosa historia: Tyson-Douglas

 

Agora Deportiva
Jesús Yáñez Orozco

 

Cumplirá 27 años, el próximo 11 de febrero de 2017, una de las peleas de peso completo más ignominiosas en la historia del pugilismo mundial: Mike Tyson vs James Buster Douglas. Estuvo ensombrecida por una oscura Trinidad Diabólica: Donald Trump, presidente de Estados Unidos –delincuente de cuello blanco, como empresario–, el promotor Don King — doble asesino—, y el mexicano José Sulaimán, titular del Consejo Mundial de Boxeo durante casi 40 años, fallecido a los 82 años, en 2014, cargó que heredó su hijo, Mauricio.

El titular del CMB recurría a un eufemismo involuntario para justificar este deporte, trastienda de la muerte:

“Mientras haya pobres en el mundo existirá el boxeo.”

 
 
 

Esta efeméride no tendría el mismo valor sin un personaje, que con “tuitazos”, como se dice en México, tiene paralizado al mundo desde que el pasado 20 de enero asumió el poder: Donald Trump. Lo caracteriza su discurso neofascista, con la bendición de dios.

 

Primer Round

Pero el villano de esta historia boxística aquél 11 de febrero era, en realidad, Ángel de la Guarda sobre el cuadrilátero, convertido en demonio, porque no se ciñó al fraude: el mexicano Octavio Meyrán Sánchez, considerado en su momento el mejor réferi del orbe. Llegaba con más de 20 peleas de campeonato del mundo.

Después de esa infausta experiencia dejó de fungir como el tercero sobre el ring. Su decisión de detener la pelea en el décimo episodio a Mike impidió que se realzara un combate de 200 millones de dólares, unos cuatro mil 200 millones de pesos al cambio actual: Tyson iría contra Evander Holyfield.

Incluso, el entonces réferi, temió por su vida.

Era su primera participación en un título de pesos pesados. Soñaba con ella. Fue, reconoció, como “dar con el Grial”, luego de 22 años de réferi.

El escenario hervía de pasión: el Tokio Dome, de Japón. Atiborrado.

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15 minutos antes de la pelea acudió al vestidor para dar las instrucciones correspondientes a los peleadores. Lo acompañaban Sulaimán, también presidente de la Comisión de Box del DF, y su tesorero, Joaquín Badillo, ex presidente del Sector Amateur de la Federación Mexicana de Futbol, erigido en mentor de Hugo Sánchez, pentapichichi en el futbol español en los albores de su carrera. Llegó a calificar al Macho de malagradecido.

Meyrán recibió una inesperada sugerencia del titular del CMB, tomándolo del brazo izquierdo, que lo alertó y alarmó. Delante de Badillo, soltó:

–Señor Meyrán: usted sabe que a Mike Tyson se le puede lastimar. No es el hombre duro que todo mundo piensa.

Era del dominio público su indisciplina. Laxo, en sus entrenamientos. Había tomado a chunga este combate. Previo a la pelea, en el gimnasio, fue derribado por un sparring. Otro secreto a voces: solía encerrarse con cinco mujeres en su habitación.

Respondió Meyrán, mientras bajo los reflectores brillaban los hilos de su cabellera argentina y un bigote oscuro cruzaba su rostro:

–Sí, lo vimos con Frank Bruno (penúltimo de sus rivales previos): estuvo a punto de noquearlo.

Sulaimán siguió con su eterna diplomacia impostada, que siempre lo caracterizó, y soltó una inesperada indicación:

–Le voy a pedir, dentro de su profesionalismo, que si usted ve a Tyson lastimado, protéjalo; sea elástico con él. Si ve lastimado a Douglas, párele la pelea de inmediato.

El incordió se dibujó en el rostro del réferi. Un sudor frío camino lento por su espina dorsal. Ruborizado, respondió tajante, palabras como navajas. Cortaban el ambiente denso:

–¡Eso no se puede hacer!

Don José reviró conciliador. Dagas punzantes sus ojos:

–No, no, no… Usted haga su trabajo.

Ya se había quitado la corbata de moño negra. Pero, finalmente, fue el tercero sobre el ring. No había tiempo para sustituirlo. Salvo que fuera por causa de fuerza mayor.

Ha aclarado el ex referí, a sus entrevistadores –incluido quien esto escribe– para evitar cualquier velo de duda, 27 años después de esa historia:

–Conste: tengo testigo (Badillo).

En rig side estaban sentados, juntos, Trump, Sulaimán y Don King. A Meyrán quisieron echarle la culpa del famoso “conteo lento” a Douglas, cuando Tyson lo mandó a la lona en el octavo episodio. Pero James se levantó y en el siguiente round colocó una sinfonía de golpes a su oponente. Estaba en malas condiciones. Las piernas de chicle.

Excesos e indisciplina le pasaban la factura.

Finalmente, en el décimo, Buster lo tiró con dos cruzados, de izquierda, y derecha, al mentón. Cayó como farro.
Instintivamente se levantó, colocándose el protector bucal que colgaba de sus labios. Era guiñapo. Estaba noqueado sobre sus piernas. Meyrán escudriñó su mirada perdida. Paró la pelea, retirándole el protector de la boca. Rodeo con sus brazos los 100 kilos de peso del roble negro. Evitó el riesgo de que volviera a caer.

Desde el noveno asalto, cuando se advertía la derrota del campeón, el réferi oteó, fugaz, cómo el presidente del CMB movía la cabeza desde su asiento, en señal de reproche, y diciéndole con la mirada:

“Que tonto eres. No hiciste lo que yo te dije”, por haber hecho caso omiso a su “recomendación”: beneficiar a Tyson.

Todo estaba arreglado para que Mike ganara, resume el ex réferi: desde el tomador de tiempo y jueces. La puntuación, pese a la golpiza a Tyson, arrojaba empate. Debía seguir siendo el campeón. Era el gran favorito de las apuestas: 42/1. Impensable que el fraude se viviera abajo por culpa del réferi.

Sin embargo, Douglas estaba en un apogeo emocional. Había perdido a su madre, 23 días antes de la pelea. Era el combate de su vida. El triunfo era en su memoria.

Y no iba a dejar ir la oportunidad de coronarse sobre el “hombre más malo del mundo.”

Trump, Don King y Sulaimán, rostros desencajados, no daban crédito a lo que miraban sobre el ring. Se esfumaban 200 millones de dólares en narices.

En el Tokio Dome, aquél 11 de febrero, pocos sabían la historia criminal de Don King. En 1954 mató a un hombre que intentó robar una casa de apuestas que regenteaba. El homicidio fue calificado como defensa justificada y no pisó la cárcel. En 1966 fue declarado culpable de asesinato en segundo grado. Golpeó a un hombre hasta su muerte. Le debía 600 dólares. Fue encarcelado y liberado cinco años después.

Con una sonrisa socarrona, cuando es entrevistado sobre el tema, Meyrán Sánchez muestra un recuerdo, gratamente doloroso, de ese combate: el protector bucal de Tyson, con su dentadura perfecta impresa, que le retiró cuando se levantó de la lona.

A su retiro del boxeo, debido al hostigamiento y al descenso del nivel de las funciones en México, se dedicó a la venta de pantalones de mezclilla de las marcas Levis y Lee, de la que ha vivido decorosamente y, advirtió, “con la frente en alto”.

De aquella pelea debó haber cobrado 12 mil dólares. Sólo recibió dos mil 800, “en represalia” de Don King y Sulaimán.

Al resumir su paso por el boxeo, soltó sus palabras, acompañadas de un hondo suspiro:

–Se vive un ambiente traidor. Hay gente que no es digna de confianza.
 

Segundo Round

Llegó a ser entrañable la amistad entre Trump y Tyson. Casi de hermanos. Comenzó a finales de la década de 1980.

Pero, un día, el campeón estuvo a punto de romperle la cara. Todo quedó en una simple anécdota. Que, quizá, los unió más.

Vale la pena recordarla en el actual contexto.

El autor de Lost Tycoon, Harry Hurt, recuerda sobre algo que, a su vez, contaron a Tim O’Brien, autor de TrumpNation: un supuesto ‘affair’ entre Trump y la entonces esposa de Tyson, Robin Givens.

–¿Sr. Trump, puedo preguntarle algo?, dijo Tyson.

–Lo que sea Mike, la respondió Trump.

Después, relatan, preguntó Tyson que si Trump estaba teniendo sexo con su esposa.

El hoy presidente expresó:

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–Mike, déjame decirte algo: ni siquiera he pensado en ello. Y he escuchado esos rumores, son molestos. De hecho, te he llamado un par de veces que esos rumores y eso me molesta mucho. Y nunca he pensado siquiera en ellos. Ella es tu esposa. Está contigo, es leal a ti, y eso es una total mentira.

Con los antecedentes de Trump con las mujeres, de libido indomable, la duda quedó en el pensamiento de Mike bajo cuatro llaves.

El empresario contó después que Tyson le pidió dormir en su sofá unos minutos.

El magnate de bienes raíces tuvo su primer acercamiento con el boxeo por primera ocasión el 27 de junio de 1988.

Pagó poco más de 11 millones de dólares para organizar el choque entre Michael Spinks y Mike Tyson, en el Convention Hall de Atlantic City.

Tras la victoria de ‘Iron Mike’ a los 91 segundos, Trump se hizo su ‘asesor financiero’. Cuando tuvo problemas con la justicia, Tyson tuvo en Trump a un personaje que le apoyó. Incluso abogó por él ante las autoridades: seguir peleando mientras estaba en encierro.

Fue arrestado en julio de 1991 por la violación de 18 años de edad Desiree Washington, Miss Black Rhode Island, en la habitación de un hotel en Indianápolis.

El juicio fue largo. Apareció en toda la industria mediática del mundo. En aquél entonces aún no había internet. De lo contrario la historia se habría hecho viral en redes sociales. Como sucedió con la toma de posesión de Trump, el pasado 20 de enero.

Ocho meses después, el 26 de marzo de 1992, Tyson fue condenado a seis años de prisión seguido de cuatro años en libertad condicional. Fue asignado al centro juvenil de Indiana, en abril de 1992. Tres años después, marzo de 1995, quedó en libertad.

El Iron Man reconoció, en octubre de 2014, que había sido abusado sexualmente cuando tenía siete años. Quizá eso explica, en parte, su conducta.

Entre la élite del boxeo en Estados Unidos, Trump nunca ha sido bien visto. Personajes como Bob Arum, el mandamás de la poderosa Top Rank, lo aborrecen. Según cuenta fue gracias a que un día reculó en la organización de un evento protagonizado por George Foreman y Evander Holyfield. Ocasionó que su organización dejara de percibir dos millones 500 mil dólares.

Donald también tuvo negociaciones con Don King, quien entonces era promotor de Tyson. Por eso aparecen juntos en ring side durante la pelea Tyson-Douglas, en Japón.

Hace décadas, el mandatario estadounidense ha sido fan del deporte de los puños. Se especula que sería interesante ver si, es que alguna vez, en su periodo presidencial, es capaz de ir a una de las funciones, como se le ha visto en algunas de las arenas más importantes de Estados Unidos.

Trump, aunque practicó futbol soccer en su juventud, ha tenido un acercamiento con dos disciplinas que se desarrollan en un ring, el boxeo y la lucha libre. En la primera, en New Jersey, tiene un lugar en el recinto de los inmortales, gracias a que le reconocieron su apoyo e interés por promover este deporte en Atlantic City.
Mientras que la WWE, una exitosa empresa de lucha libre, también lo tiene en su Salón de la Fama.

Nocaut

Aún está único fresca la única escena de canibalismo que se ha viso sobre un ring. Ciego de ira e impotencia, Tyson pegó un feroz mordisco en la oreja de Evander Holyfield, quien miraba con una mezcla de sorpresa y horror la sangre en su guante que manaba del costado de su cabeza.

Ambos se habían anulado en un abrazo defensivo.

Tyson sólo encontró su dentadura como recurso para castigar al oponente y atacó con la convicción de pitbull hambriento.

Holyfield, los ojos desorbitados, deambulaba por el cuadrilátero. No concebía lo que había sucedido. Se tocaba con torpeza su oreja herida para convencerse de aquel grotesco episodio de junio de 1997.

Evander tuvo una carrera memorable. Fue el primer boxeador en conquistar cuatro veces el campeonato del mundo en peso completo. Enfrentó a un puñado de peleadores de nombres inolvidables.

Pero el episodio del pedazo de oreja que le arrancó Tyson, y que escupió sobre el ring, se impregnó en su biografía como el suceso más importante en 27 años de carrera.

“Todo mundo habla de eso siempre: que Tyson me mordió”, dije hastiado Holyfield, acostumbrado a que le pregunten sobre el tema.

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Confesó:

“Yo ya lo perdoné”.

Filosofó.

“Lo positivo que recuerdo de aquella noche es que yo no lo mordí de vuelta. Entendí que las malas cosas siempre sucederán.”

Holyfield trata de no agregar más a un acto que lesionó profundamente la imagen de Tyson. Busca con cierto esfuerzo decir algo positivo al respecto. Que era un gran peleador. Que lo dominó la frustración y la impotencia de sentirse superado. Lo mira con una extraña compasión mezclada con solidaridad. Han aparecido juntos y abrazándose en múltiples fotos.

El pasado 23 de enero de 2017, el periódico La Jornada publicó una entrevista con el multicampeón de box, firmada por Juan Manuel Vázquez.

“Me mordió de esa manera porque quería salir de esa pelea”, resumió, en una visita a México para asistir a la carrera anual del CMB, que dirige Mauricio Sulaimán.

Explicó:

“Tyson se sentía perdido y no quería caer noqueado. Hizo lo que pensó que era lo único que podía para no salir lastimado”.

Holyfield, según la narración del reportero, se esfuerza por dar la impresión de que se trata de un episodio sepultado. Evidencia que está acostumbrado a revivirlo cada tanto.

Incluso hace pocos años grabó un comercial para una firma deportiva en el que Tyson se aparecía con una cajita de regalo, dentro de la cual guardaba el pedazo de oreja que le arrancó en 1997; se lo ofrecía a Holyfield como quien regala un anillo de boda. Ambos sellan el acto con un abrazo. Uno como aquel en el que le dieron una increíble tarascada.

Remató:

“Hoy ya no hablamos más del asunto. Mike Tyson fue un gran boxeador que pensó que podía vencerme. No pudo y eso es todo.”

El boxeo siempre tendrá una Trinidad Maquiavélica.

Con Trump y sin él.

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