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“Baloncidio” de la MaFI(a)FA

 
Agora Deportiva
Jesús Yáñez Orozco

¿Cómo entender que el Congreso 66 de la Mafia-FIFA-Mafufa se celebre en México, conocido mundialmente por los cachirules –y no sus logros futbolísticos– plagado de corrupción y falta de ética?

En este paraíso infernal del balón, entre incontables desgracias, los jugadores profesionales son tratados como “esclavos” hace casi medio siglo.

“Dictadura”, define Hugo Sánchez al balompié nacional.

Es el país –de los 34 que conforman la Organización para Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE)– donde más corrupción hay en todos niveles: social, económico, político y, obvio, deportivo, hace nueve décadas. Ocurre así desde la instauración del abuelito del PRI, con más de 70 años en el poder: El PNR, en 1929, cuando comenzó el tiránico presidencialismo.

El mismo mandatario de México, Enrique Peña Nieto, sin rubor alguno, ya definió la corrupción como “cultural”. Fue entrevistado por seis “periodistas”, frente a las cámaras de televisión, hace un par de años. La corrupción somos todos.

Sus propiedades son un escándalo mayúsculo nacional –incluida la prensa oficial— e internacional. En particular la llamada “Casa Blanca”, oscura propiedad de su esposa, la actriz de Televisa, Angélica Rivera. Está valuada en casi 10 millones de dólares. Unos 170 millones de pesos.

Nadie cree que la haya adquirido con los ahorros, gracias al sudor de su frente.

EL PRI espejo de la FIFA. Y viceversa.

Pudo realizarse, dicho congreso, en otra nación, con menor descrédito internacional o un poco de credibilidad. Con el valor agregado del absoluto control, dictatorial, del balompié nacional por la poderosa Televisa, siempre aliada de los podres oficiales –y fácticos– hace más de 50 años.

Total contrasentido.

O absoluto absurdo.

México forma parte de la Confederación Norte Centroamericana y del Caribe de Futbol (Con-caca-f) que –con la sudamericana Conmebol (Confederación Sudamericana de Futbol)– son las dos más corruptas de las cinco que conforman al máximo organismo mundial balompédico, tras el llamado FIFAgate.

La corrupción en el seno de la FIFA simboliza un iceberg: apenas comenzó a descongelarse la punta.

No es coincidencia que el congreso fifo se celebre, 12 y 13 de mayo, en el llamado “patio trasero” del país de las Bardas y las Estrellas, cuyo brazo armado es el anticorruptiblemente corrupto FBI, que descorrió el velo de moches y transas. Encarceló, en un hecho insólito del balompié mundial, a un puñado de miembros de la élite de la MaFI(a)FA.

Su propio ex presidente, Joseph Blatter, ha salvado –de milagro– ir a prisión.

El gobierno de Estados Unidos tomó conciencia, desde que celebró el Mundial de 1994, que quien controla el futbol domina al mundo. El balón como un ente geoestratégico para expender su poderío económico y político. Eficaz arma que no escupe muerte.

Resulta imposible, también, dar credibilidad al Buró Federal de Investigación (FBI, por sus siglas en inglés). En el negocio esférico, protegerá los intereses comerciales y financieros de las empresas estadounidenses –o sus aliadas– en el seno de la FIFA.

Es sólo una vuelta de tuerca. La falta de ética persistirá y la corrupción campeará. Ahora a la sombra de Washington. Quizá sea menos obvia.

Llamó la atención, doblemente que, previo a ese evento, se haya realizado una mesa redonda en la ciudad de México ante “sólo” 11 de medios de comunicación, encabezada por su presidente, el suizo Gianni Infantino, informó la agencia noticiosa del gobierno mexicano, Notimex.

Sutil –más bien burda– forma de censura.

Por eso, sus palabras sólo sembraron una amplia parcela de duda.

Infantino explicó que trabaja para restañar una imagen dañada y la credibilidad del organismo. El próximo 21 de mayo celebrarán 112 años de la fundación de la FIFA, sumida en una profunda crisis de descrédito. Varias empresas multinacionales han retirado su patrocinio.

“Quedó mal, sin duda. Quedó en lo más bajo posible”, reconoció. “Pero después del 26 de febrero –cuando asumió el cargo– y tras las reformas que pondrán transparencia (sic) en un gobierno (sic) con los temas más importantes. La imagen ya se mejoró mucho y seguirá mejorando”, presumió.

En sus dos primeros meses de gestión prácticamente ha visitado todo el mundo. A excepción de Oceanía. Durante ese periplo expuso las modificaciones que se han hecho a la FIFA en busca de retomar la confianza perdida.

Y puso el dedo en la llaga de lo que más importa a la MaFI(a)FA, no los aficionados.

Confesó:

“Hablé con patrocinadores y jefes de Estado. Y ya se ve un cambio en la percepción”.

Aunque, se contradijo: uno de los objetivos de este congreso será dar prioridad al deporte, y dejar a un lado los negocios.

Algo que suena impensable. Primero, su objetivo, siempre será el $, nunca el deporte. Cero fair play fuera de la cancha: Dar prioridad al pírrico espectáculo que se mira en los estadios y a través de la televisión. En México, sobre todo.

Respecto al congreso 66 de la FIFA, puntualizó, diplomático, que será inolvidable para él, el primero como titular de este organismo:

“Estos actos quedarán en mi corazón. México es un país que escribió la leyenda (sic) del futbol en 1970 y 1986. Estoy muy feliz de estar aquí”.

Para tener una idea de la poca ética con que se maneja la FIFA: hace 12 años, durante una conferencia de prensa de Blatter –defenestrado ex presidente de la FIFA– en un hotel de la ciudad de México, sobre avenida Reforma, puede interrogarlo. Entonces estaba latente el tema de la multipropiedad de clubes –que prohíben sus estatutos.

Hubo un tiempo que Televisa era dueña del 20 por ciento de la totalidad de los equipos de Primera División:
América, Atlante, Necaxa y San Luis.

“¿Qué opina?”, interrogué, como reportero del diario El Universal.

Respondió, como quien se quita una mosca del hombro:

“Ninguno de los dueños de los equipos se ha quejado”.

Así, quedó legalizada la corrupción y la falta de ética.

Antes de Blatter, el brasileño Joao Havelange –quien goza de cabal salud: cumplió 100 años el pasado 8 de mayo– ocupó la silla de la MaFI(a)FA-Mafufa durante 24 años –aunque seguía siendo el poder tras el trono. Desde ahí, se convirtió en uno de los principales traficantes ilegales de armas en el mundo. Versiones periodísticas lo ligan con capos de la mafia en el tráfico de drogas y explotación sexual. Con él comenzó a construirse el témpano de corrupción.

También sostuvo estrechas relaciones con dictaduras militares. Entre ellas destacan la chilena, uruguaya y argentina.

Enfrentó agrias polémicas con los dos astros del balompié mundial: Pelé y Maradona. En particular con El Pelusa: no se cansó de tildarlo de corrupto.

En su juventud, Havelange, fue atleta olímpico. Representó a su país como nadador en 1936, en  Berlín. Compitió también en el equipo brasileño de waterpolo, en 1952, en Helsinki. Tuvo en Guillermo Cañedo su brazo derecho. Eran uña y carne.

Más desvergüenza, que orgullo, caracteriza al futbol mexicano hace casi 50 años, bajo el férreo control de la dinastía Azcárraga, dueña de la poderosa empresa Televisa.

La Federación Mexicana de Futbol, uno de sus múltiples tentáculos al amparo del poder, tiene patente de corso: Se maneja con absoluta impunidad.

Fue en 1993, la primera vez que entró el narcotráfico por su puerta, con el balón a sus pies. Resultó que el equipo de la Universidad de Guadalajara, cuyo rector era Raúl Padilla López, puso en venta, renta o comodato al equipo Leones Negros. Resultaba insostenible. Un grupo de ex alumnos, ingenieros, de esa casa de estudio realizó una extraña compara: sin dinero.

Un año después se supo que el equipo pertenecía a una familia de narcotraficantes de metanfetaminas de Guadalajara, Lupercio Serrato –con Pedro a la cabeza. Hubo documentos ministeriales que daban fe de ello.

Más infierno:

Desde 1990 se realiza un draft –o tianguis de piernas—donde los derechos laborales de los jugadores son sojuzgados, persiste la multipropiedad, hay un Código de Ética, equivalente a la Santa Inquisición: total censura. Se coarta la libertad de expresión.

Como cereza del pastel, dueños de clubes, America y Xolos de Tijuana –las familias Azcárraga y Hank Rhon— tienen casas de apuestas.

La famiglia Azcárraga tuvo en el fallecido Guillermo Cañedo de la Bárcena –vicepresidente de FIFA durante casi 25 años, hasta la década de los 90s, también presidente de la nefasta OTI— su brazo derecho como alto ejecutivo de la televisora.

Desde su inconmensurable poder, al amparo de la Mafia-FIFA-Mafufa, siempre movió los hilos en favor de su patrón: Emilio Azcárraga Milmo, El Tigre.

Y esa herencia persiste. Tanto que el propio Infantino confirmó que México puede aspirar a realizar el Mundial de 2026. En caso de ganar la candidatura, la única beneficiaria sería Televisa. Así ha ocurrido en los dos anteriores mundiales realizados acá.

Aquí un botón de muestra de lo que representa esa empresa. El fallecido escritor uruguayo Eduardo Galeano, en su libro El Futbol a Sol y Sombra, editado por Siglo XXI, escribe y describe:

En 1990, Televisa hizo una feroz exhibición de su poder sobre el futbol mexicano. En aquél año el presidente del Puebla, Emilio Maurer, tuvo una idea mortal: se le ocurrió que Televisa bien podía desembolsar más dinero por sus derechos exclusivos para la transmisión de los partidos.

La iniciativa de Maurer encontró buen eco en algunos dirigentes de la Federación Mexicana de Futbol. Al fin y al cabo, el monopolio pagaba poco más de mil dólares a cada club, mientras ganaba fortunas vendiendo los espacios de publicidad”.

Televisa enseñó, entonces, quién es el amo. Maurer sufrió un bombardeo implacable: de buenas a primeras se encontró con que sus negocios y su casa habían sido embargados por deudas, fue amenazada, fue asaltado, fue declarado fuera de la ley y se libró contra él una orden de captura.

Además, el estadio de su club, Puebla, amaneció un mal día clausurado sin aviso. Pero los métodos mafiosos no bastaron para bajarlo del caballo, de modo que no hubo más remedio que meter a Maurer a la cárcel y barrerlo del club rebelde y de la Federación Mexicana de Futbol, junto con todos sus aliados.

El polémico Hugo Sánchez, cinco veces campeón de goleo en España –una vez con Atlético de Madrid y cuatro con Real Madrid— e x técnico del los clubes Pachuca y Pumas –con el que fue bicampeón de liga, resumió en una palabra al futbol mexicano en días pasados: “Dictadura”.

La tiranía existe en el balompié nacional porque no hay un sindicato, asociación o mutual que defienda los derechos de los obreros del balón. El único que hubo, en 1971, registrado ante la secretaria del Trabajo y Previsión Social, fue desarticulado por Cañedo de la Bárcena, presidente de la Femexfut –1960-1970– y, entonces, máximo jerarca del club América.

“La dictadura sigue existiendo en México, en este año y en este siglo. Es inconcebible que el futbolista sea el único profesional en México que no sea tratado como tal. Siguen siendo tratados como esclavos, muebles. Ojalá se unan los jugadores y paren cuando tengan que parar”, sugirió.

Hace casi 45 años hay miedo entre los futbolistas para unirse y ser solidarios en casos incontables, ahora con el club Chiapas. Tienen quincenas que no les paga la directiva.

“Ojalá los líderes de cada equipo se juntaran y tomaran una decisión de no participar (en la Liga) hasta que no se legalice todo. Pero si no hay unión es complicado”, opinó.

Hace poco más de dos décadas, Hugol amenazó con “movilizar” a México para erradicar el draft. Jugaba con América, luego de su triunfal paso por España. Mas, 26 años después, el tianguis de piernas goza de buena salud.

Tras reformas en la FIFA, Infantino fue infantil en la mencionada mesa redonda en días pasados en el ex Distrito Federal:

“La casa está limpia. Y debe seguir así”.

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