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Cuando la belleza es mortaja

 

  • 53 años sin Marilyn Monroe en el imaginario colectivo
  • Fue encontrado su cuerpo, sin prótesis dental, ni mamarias

Jesús Yáñez Orozco

 

(“La imperfección es belleza. La locura es un genio. Y es mejor ser absolutamente ridículo, a ser absolutamente aburrido”: Marilyn Monroe)

 

Desde la mitad del siglo pasado a la fecha las mujeres recurren, con más frecuencia, a una curiosa forma de “hojalatería” física para moldear, hacer envidiables, sus cuerpos monumentales.

No importa que lleguen a poner en riesgo sus vidas.

Historias que llevan a pensar cómo las estrellas –mujeres sobre todo– de la pantalla grande y chica, llegan a convertir su cuerpo en mortaja –con prótesis, liposucciones y cirugías pláticas— para alcanzar el éxito deseado, desde la hidra de la farándula.

En la fama –sueño o pesadilla– que es exclusiva de los tontos, vale todo.

Ocurre, principalmente, en el medio del espectáculo. No importa el costo físico o material que ello conlleve.

Y que, incluso, sólo sirva para satisfacer los “15 minutos de fama”, definió alguna vez Andy Warhol, cineasta y célebre artista plástico estadounidense.

Este fenómeno sociológico sucede desde mediados de la década pasada, a la fecha, en la televisión, letal ‘ojo de vidrio’, que hace verdades mentiras y mentiras verdades.

Porque quien no aparece en la, también, llamada telepatria, simple y sencillamente queda la sensación de no existir.

Aparecer en la televisión es una forma de fugaz, quimera, escalera al cielo de la nada.

El caso más emblemático, quizá, sea Marilyn Monroe, aunque más en el cine, monstruo visual de mediados del siglo pasado, que en la pantalla chica actual.

Devoró nombres y fue engullida por una antropófaga industria del entretenimiento.

Al parecer, sus demonios depresivos la llevaron al suicidio, que no pudo exorcizar –violada en su infancia, por ejemplo– pese a su terapia de psicoanálisis, antes de morir.

Y, a veces, cuando nada basta en aras de la obsesión por la belleza, el suicidio es la mejor receta. Liberarse del insoportable dolor que duele: vivir sin amor, cero deseo.

Total desamor, pues.

Falleció a los 36 años por una sobredosis de nembutal. El pasado 5 de agosto cumplió 53 años de muerta. Tendría 89 años. Nació el 1 de junio de 1926.

“Sobre Marilyn Monroe se ha escrito mucho… apenas queda un rincón de su vida, su cuerpo o su muerte que no haya sido escrutado con lupas que mezclaban la admiración estupefacta con la falta de escrúpulos, la piedad con el bisturí inmisericorde”: del libro Mi Historia, memorias de la diva hollywoodense.

Porque más allá de su mítica belleza y sensualidad infantil, subyugaba –y subyuga a la fecha– lo que transmitía: indefensión y desamparo absolutos que despertaban en los varones el deseo de poseerla-protegerla.

Ha sido el símbolo sexual de mayor fragilidad, de la mano de su inconmensurable belleza.

Ese era su diabólico encanto.

Resultó curioso –por la coincidencia– que hace poco más de un par de meses dos textos, que circularon en redes sociales, se referían a Norma Jean Baker, su verdadero nombre.

En el primero dejó boquiabiertos a sus fans la macabra descripción cómo fue encontrado su cuerpo sin vida, aquel infausto 5 de octubre, cinco décadas atrás.

El segundo plantea que en este momento Marilyn, la modelo, sería un absoluto fracaso, como sex-simbol.

La exigencia de una industria antropófaga del entreteni/miento que hace esclavas a las mujeres –objetos sexuales, del deseo varonil, y también femenil, con la diversidad sexual— que las lleva, incluso, a poner en riesgo su vida, consciente o inconscientemente.

Dinero y fama, pareja indisoluble– porque así nos ha condicionado la televisión– llega a tener un alto precio: la muerte.

Ahí están, por ejemplo, en México, los casos de Lucha Villa, quien quedó discapacitada hace casi 20 años, a raíz de una liposucción mal practicada. O la roquera Alejandra Guzmán, que durante casi dos años fueron más famosos sus glúteos que su carrera artística.

Porque la efímera felicidad de un actor/actriz está en función de la aceptación social, lo externo, no de la propia, la interna, esa que solemos no encontrar.

Carecen, en la mayoría de los casos, del ingrediente fundamental en la vida: amor incondicional. Paterno y materno.

Quien no tuvo amor trata de llenarlo con el vacío de la fama. Y quien careció de él no puede darlo.

La Monroe era un claro ejemplo. Tal vez por esos sus recurrentes fracasos matrimoniales.

Es cuando se hace intolerable la “insoportable levedad del ser”, título de un libro del escritor checo Milan Kundera, escritor checo.

De acuerdo con el primer texto en redes sociales, Marilyn Monroe fue encontrada muerta sin prótesis dental ni mamarías.

Así amortajaron su cuerpo.

Nunca pudo forjar, acorazar, su mejor prótesis: la mental.

Siempre vivió en el desamor familiar. Su madre estaba loca y vivía alcoholizada. Nunca supo quién era su padre.

Jamás tuvo a papá y mamá como un referente amoroso, protector, guía de vida.

Los hospitales siquiátricos se convirtieron en una constante en su vida. Primero con los ingresos de su madre, y luego los de ella.

Sigue siendo mito mediático-cinematográfico antes, durante y después de su deceso.

Se convirtió, tras su deceso, en un personaje de película de terror en la vida real.

marilyn-monroe-muertaDe la belleza de su cuerpo, al ser encontrado sin vida en su habitación, quedaba muy poco. Estaba envejecida para sus 36 años, según difundieron los dueños de la funeraria Abbot & Hast, de Los Ángeles, encargada de los servicios de la actriz.

En la madrugada del 5 de agosto de 1962 Allan Abbott debió ir a recoger el cuerpo de Norma Jean Baker, como realmente se llamaba, a su casa de Brentwood, California, para llevarla a la morgue y luego enterrarla.

Ahora, 53 años después, el encargado del servicio funerario, editó un libro donde cuenta los detalles de todo el proceso de embalsamamiento.

Según comentó el Daily Mail, el libro Pardon My Hearse (Perdón, mi Coche Fúnebre) narra los entierros de muchos famosos de Hollywood.

Pero es particularmente perturbador el de la mega estrella de cine.

No llevaba, por ejemplo, ropa interior –como era su costumbre, solo se ponía encima tres gotitas de Chanel # 5– y tenía “pequeños pechos falsos, mucho más pequeños que los que había visto hasta ese momento”, describe Abbott.

Esas prótesis se las ponía encima de sus pequeños senos naturales para realzarlos.

También tenía “dentadura postiza”.

Las piezas dentales son diamantes, dice la escritora británica Zadie Smith en su libro Diamantes Blancos.

“No nos creímos que fuese su cuerpo. Parecía una mujer normal muy envejecida”, escribe Abbott.

Su cabello no había sido teñido desde hacía tiempo, tampoco se había depilado las piernas al menos en una semana.

Sus labios estaban muy agrietados y necesitaba una manicura y una pedicura.

El día en que la encontraron, ya con el rigor mortis de primer estado (entre seis y ocho horas después de la muerte) el forense tuvo que hacer una reconstrucción del cadáver que le llevó varias horas para que se pareciese al ícono sexual del cine que todo el mundo adoraba.

Incluso tuvo que trabajar parte de su cuello para que apareciera “normal” el día del sepelio.

“Debido a las tremendas implicaciones que tenía ésta muerte, llevó mucho más tiempo practicar su autopsia. El doctor Thomas Noguchi tardó tres veces más de lo normal”, añade el escritor.

Una de las películas más emblemáticas de la actriz, que se recuerdan a la fecha, es Una Eva y dos Adanes, con Tony Curtis y Jack Lemmon.

Tras su aspecto frágil y delicado, Norma Jean Baker escondía una mujer fuerte, inteligente y extremadamente sensible. Fue capaz de enamorar a varias generaciones con solo un golpe de melena o a través de sus sensuales fotos.

Marilyn Monroe marcó un antes y un después en Hollywood. Sus polémicos y sonados romances (unos terminados en matrimonio y otros no, con el beisbolista Joe DiMaggio, el escritor Arthur Miller), su talento y su forma de entender la vida la catapultaron a lo más alto de la fama. Fueron célebres sus amoríos con los hermanos, Kennedy, John y Robert.

Desde allí, Marilyn se convirtió, entre otras cosas, en un referente de estilo.

Vestidos ceñidos a la cintura, escotes corazón, faldas con vuelo, pantalones pitillo, shorts, ‘crop tops’ que dejaban al descubierto su figura, sedas, encajes… su armario se convirtió en referente para miles de mujeres que consideraban a la ‘ambición rubia el mejor espejo en qué mirarse.

Tal fue el poder de su estilo, recogido en libros como ‘Marilyn in Fashion’ de Christopher Nickens, que ha trascendido medio siglo después de su muerte, y a día de hoy sigue teniendo un gran peso en las estrellas del siglo XXI.

De hecho, muchas han sido las ‘Viaipi’ (VIP) que se han querido meter en la piel ultrasexy de Marilyn.

Entre otras, Poppy Montgomery, Scarlett Johansson, Michelle Williams o incluso Madonna.

Del vestido blanco diseñado por William Travilla para la película ‘La tentación vive arriba’ (que fue subastado por 1,4 millones de euros, cerca de 24 millones de pesos) al rosa de satén con escote palabra de honor de ‘Los caballeros las prefieren rubias’ (obra también de William Travilla y subastado por 256 mil euros, unos cuatro millones 550 mil pesos), amplio ha sido el legado de estilismos que permanecen en el imaginario colectivo.

Mas “hoy nadie contrataría a Marilyn Monroe como modelo”, confiesa la directora de la agencia Shock Modelling (modelado de choque), Estela Sáenz, quien considera que para los cánones de belleza actuales, que sitúan a las mujeres como réplicas de la muñeca Barbie, la legendaria actriz sería considerada pasada de peso.

Y es que el cuerpo de la mujer ideal ha variado de acuerdo a las décadas, llegando a determinar que el Índice de Masa Corporal (IMC) de las actrices y modelos es menor al de las mujeres en general.

“En los años 30 se preferían mujeres opulentas con cuerpo tipo de reloj de arena, que mostraban sus atributos de manera sexy, como Jane Mansfield o Jean Russell, sin embargo, a partir de los 60, se empiezan a buscar siluetas más delgadas”, agrega Johann Merghentaler, director de la agencia Paragon, que representa a modelos como Cristina Piccone y Daniela de Jesús.

Muchos expertos sitúan a la top model Twiggy como una de las precursoras de lucir muy delgada.

“Esta modelo fue realmente la que marcó un antes y un después en la moda. Revolucionó el mercado de los años 60, y a partir de allí se empezaron a buscar cada día chicas más delgadas como Lauren Hutton”, afirma Miguel Ángel López, experto en modelos.

En los 70s, irrumpió el tipo de cuerpo atlético, teniendo su máxima expresión en la modelo y estrella de la serie Los Ángeles de Charlie, Farrah Fawcett, quien con su peinado y su figura delgada y marcada logró batir récords, pues practicaba ejercicio y tomaba el sol.

“Después vinieron los 80s, con cuerpos voluptuosos, como la modelo Janice Dickinson o Gia, que tenían curvas y un toque sensual, mientras, por otro lado, se imponía la moda de las delgadas con Jane Fonda y sus videos de ejercicios.

Todas ellas serían suplantadas posteriormente por otra modelo icónica, Kate Moss, la cual, en los anuncios de ropa interior para Calvin Klein, mostró una figura sin senos y casi sin cadera.

“Había llegado la androginia que, amparada por los diseños minimalistas, dominó la década de los 90 y que, posteriormente en 2000, buscó modelos demasiado delgadas, llegando a ser el medio acusado de promover la anorexia y la bulimia”, opina Estela Sáenz.

Actualmente, coinciden los expertos, las modelos para pasarelas y anuncios se buscan tratando de lograr un balance entre los cuerpos saludables, trabajados en un gimnasio, pero con un peso inferior al promedio de las mujeres normales, ya que la moda sigue siendo un medio aspiracional, al cual muchas mujeres desean pertenecer.

“Hoy el ideal se encuentra en el cuerpo de las chicas que desfilan para Victoria’s Secret, las cuales son delgadas, pero tienen curvas y realizan ejercicio para mantenerse tonificadas”.

“Éste sería hoy el ideal, modelos tipo Gisele Bündchen, considerada la top de tops, la cual es madre de familia, hace ejercicio. Es estilizada, pero tiene busto y caderas, como buena brasileña”, finaliza Miguel Ángel López.

Aunque actualmente ha habido reivindicaciones para volver a las modelos más rellenas, la verdad, salvo contadas excepciones, las delgadas siguen dominando el mercado.

Marilyn Monroe o Norma Jean Baker: to be or not to be, 53 años después.

(Con información de la Agencia Reforma)

tzotzilyaoro@hotmail.com
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@kalimanyez

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