Miércoles 23 de Mayo de 2018
     

Rarámuri opaca a los “Piojete Boys”

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Agora Deportiva
Jesús Yáñez Orozco

 

Él –victorioso ultramaratonista rarámuri– no tiene los reflectores mediáticos que sí iluminan a los campeones de la derrota: los Ratones Verdes Turulatos.

Ni los tendrá.

Porque, él y otros corredores indígenas, no son negocio.

Aun así, sin pretenderlo, opacó a la Decepción Nacional.

Silvino Cubesare Quimare, se llama. Y podría afirmar que es un atleta todoterreno.

Sus triunfos pasan casi desapercibidos, pese a que el deporte nacional tiene poco de qué vanagloriarse.

Gana sólo vergüenzas.

A casi nadie interesan las victorias internacionales de estos súper atletas, que caracteriza a una de las 56 etnias en México, y que llegan a correr más de 150 kilómetros, en promedio, durante tres días. En ocasiones, llegan a 170 kilómetros.

Un futbolista profesional, por ejemplo, corre alrededor de ocho kilómetros, durante un entrenamiento de tres horas, en promedio.

Menos interesan las conquistas de un deportista rarámuri a las televisoras comerciales, encabezada por la telemierda, Televisa, propiedad de Emilio Azcárraga Jean, o TV-Azteca, de Ricardito Benjamín Salinas Pliego.

Consciente o inconscientemente se apenan de los indígenas.

A ellos únicamente interesa el juego del puntapié. Un deporte que se ha convertido en “patito”: sólo ha conseguidos magros títulos: dos sub 17 y oro en los Juegos Olímpicos 2012 en Londres.

Cuando se supone es una de las mejores ligas del mundo.

Ya Ignacio Trelles, el único que ha conquistado siete títulos de liga en el balompié nacional, puso el dedo en la pústula. Advirtió que la Desesperación Nacional jamás ganará una Copa del Mundo de la FIFA.

Ahora ni las redes sociales hicieron eco de la conquista de Cubesare Quimare en España.

Tampoco, el diario La Jornada, que suele llevar en su sección de deportes este tipo de información, más cercano a la sociología.

Resultó grata, verdadero bálsamo, que en el noticiero de Canal 11, que conduce Adriana Pérez Cañedo, fuera difundida la información de que Silvino había ganado una carrera en España, el pasado 29 de junio.

Cubesare  obtuvo el primer lugar en el Gran Trail Peñalara 2015, celebrado en Madrid.

La prueba consta de 110 kilómetros de recorrido y está diseñada para los corredores que están acostumbrados a moverse en terreno de montaña.

El Gran Trail fue creado en el 2010 con el fin de celebrar los 100 años de la fundación de la Sociedad de Alpinismo Peñalara, y destaca por ser una prueba que recorre distintas localidades serranas de España.

El deportista indígena participó en la carrera por segundo año consecutivo gracias al apoyo de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. Nunca, jamás, hasta donde sé, ha tenido respaldo de la Comisión Nacional de Cultura física y Deporte, que ahora encabeza el “bombero atómico”, Alfredo Castillo Cervantes.

El atleta rarámuri ha conquistado en tres ocasiones el ultramaratón de los Cañones de Guachochi, Chihuahua. Es originario del municipio de Batopilas, en la Sierra Tarahumara.

Y, como suele suceder, hay quiénes se suben al camión de los triunfadores, políticos, sobre todo.

A través de su cuenta de Facebook el Gobernador del estado de Chihuahua, César Duarte Jáquez felicitó al corredor y escribió: ¡Muchas felicidades Silvino, eres un #OrgulloChihuahuense!

Días antes, el 13 de junio, Silvino había ganado el Ultramaratón de España, realizado en las sierras de Alcaraz y Segura, en Albacete.

Corrió 154 kilómetros con un tiempo de 16 horas y 42 minutos. Obtuvo el segundo lugar detrás del portugués Pedro Márquez.

El fondista ganó el primer lugar en la categoría senior y el segundo general.

La competencia duró tres días y se recorrió 50 kilómetros por día.

Parece que para mitigar el dolor ancestral, los rarámuri están acostumbrados a correr largas distancias.

En el mes de agosto de 2014 Cubesare Quimare recibió un reconocimiento de manos del Presidente EP(inochet)N, por su destacada labor en el campo del atletismo.

El 9 de junio de 2014, en Ágora Deportiva, titulada Atletas de Hierro, publiqué sobre los ultramaratonistas rarámiri:

Hace 500 años están olvidados en el olvido de la nada…Pese a su incipiente fama mundial ya como atletas, no visten costosas prendas deportivas –Adidas, Rebook, Nike, Puma…– esas que sólo son quimera del falaz status social. Ni soñarlo. Usan ancestrales huaraches y ropa de manta o cabeza de indio que huele la yerba de cientos de años de histórica ignominia e indiferencia oficial: camisa y taparrabos y un multicolor paliacate en la cabeza para correr.

Por fortuna no ven la telemierda, Televisa-TV Azteca, y, en consecuencia, tampoco comen alimentos chatarra. Su base alimenticia son dos productos, estos sí, milagro: chía y pinole. Tampoco consumen bebidas energéticas.

Son excepcionalmente sanos en un país obeso sin remedio: en niños somos el primer lugar del mundo y segundo en adultos, ‘honor’ que compartimos con el país de las Bardas y las Estrellas.

Así ha sido hace más de medio milenio.

Similar a los niños basquetbolistas triquis, de la montaña oaxaqueña, famosos ya en muchos rincones del mundo por su característica de jugar descalzos sobre la duela o el cemento, estos deportistas tarahumaras que corren ultracarreras forman parte de más de medio centenar de etnias en México dejadas de la mano de Dios y del poder.

Del PRI, en particular.

Esos indígenas que existen sólo cuando el presidente de la República en turno se quiere tomar la foto. O se convierten en ‘cebo humano’ como atracción turística: para la foto.

No más.

Los rarámuri, pimas, tepehuanes y uarijíos son los cuatro grupos indígenas que se distinguen en el estado de Chihuahua. Los primeros son el grupo mayoritario.

Son veloces, recorren largas distancias.

A finales del siglo XIX, Porfirio Díaz permitió que antropólogos investigaran en las tierras inexploradas del norte de México, una región que estuvo desatendida por más de un siglo, luego de la expulsión de los jesuitas en el año 1767. Nada querían saber del catolicismo.

Fue el noruego Carl Lumholtz quien centró sus observaciones en torno a la música y al rutuburi o la danza del peyote, alucinógeno, pero su estudio no profundizó más en la cultura, rica en tradiciones e imágenes míticas de la creación y el universo.

Los rarámuri tienen su propia cosmogonía.

Se consideran el sostén del cielo y el firmamento, los llamados “gentiles” no se bautizan al cristianismo porque creen que si lo hacen ocurrirá un cataclismo universal, no explotan la tierra porque se consideran una extensión de ella, los animales de un poblado y de otro, no deben cruzarse porque contaminan a la naturaleza.

Creen que el hombre nace con tres almas y la mujer con cuatro porque necesita de mayor fuerza para dar a luz y apoyar en los trabajos pesados.

Más de 500 años después de la conquista española, el movimiento de Independencia y la Revolución Mexicana, los indígenas siguen siendo ignorados.

Por acción u omisión, son mirados desde el poder como un mal necesario. Pero son, insisto, los que dignifican al país.

Nos dan, como pueblo, el único sentimiento de pertenencia real.

Y doble orgullo siento como mexicano los triunfos que, con magro apoyo, logran los corredores rarámuri y los niños basquetbolistas triqui, oaxaqueños.

Mientras tanto, la parafernalia envuelve a la Pesadilla Nacional de Televisa, luego de su fracaso en la Copa América –donde fue el primer equipo eliminado–, y cuando está por comenzar su viacrucis en la Copa de Oro, a celebrarse el Estados Unidos y Canadá.

Es un torneo –avalado por la Con-caca-f— en apariencia “patito” –que tienen la obligación de ganar los ‘Piojete Boys’– pues van contra tres poderosas escuadras: Cuba, Guatemala y Trinidad y Tobago, filiales del Atlético San Pancho. Participarán 12 naciones en total, divididas en tres grupos.

Con ese fin el técnico, que milita en el Partido Verde, armó su Dream Team. Van los mejores jugadores mexicanos de la liguita MX.

Mas, los focos rojos están encendidos.

Miguel Herrera lleva siete partidos consecutivos sin ganar. Y aunque se ufana de que, pase lo que pase, contra viento y marea, llegará al Mundial de Rusia 2018, la espada de Damocles pende sobre su cabeza.

Nomás para recordarle a Herrera lo que representa el Tridolor en la Con-caca-f, alguna vez considerado el “gigante” de la zona: para ganar su pase al Mundial de Brasil 2014, tuvo que disputar el repechaje con la frágil Nueva Zelanda.

Dudo que el Piojete arribe a las estepas rusas como técnico de la Depresión Mexicana.

Porque, en el supuesto caso de que llegue a la final de la Copa de Oro…pel contra el país de las Bardas y las Estrellas, vale recordar que no ha ganado un partido oficial, allá, como visitante desde 1999.

Y porque, además, los dueños de los clubes padecen alzheimer futbolístico. Suelen olvidar con facilidad. Y si el Piojete les colma el plato, como campeón de la derrota, seguro recibirá una patada en salva sea la parte.

¿Por qué? pregunto y me pregunto, pretendemos hacer que las etnias sean como nosotros, los “civilizados”, los que todo lo tenemos, pero que estamos vacíos de tanto tener?

Y ¿Por qué? pregunto, no intentamos ser como ellos.

Cuando menos romper nuestro crónico sedentarismo, que se refleja en la obesidad, e intentamos correr.

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