Miércoles 18 de Octubre de 2017
     

Como Tío Lolo…Seguridad Nacional



Agora Política
Jesús Yáñez Orozco

Lo único seguro de la Seguridad Nacional en México es la inseguridad.
Es, literal, “patito”.

Fue mí conclusión, tres días antes de la archirrecontra mítica fuga de Joaquín Guzmán Loera, del penal de alta seguridad de Almoloya de Juárez, en el Estado de México, en menos de tres minutos, mediante un túnel de mil 500 metros a bordo de una motocicleta, a unos 90 kilómetros de distancia de Palacio Nacional, en la Ciudad de México.

Hay un antecedente, enésimo, pálido reflejo de la gelatinosa, inexistente, Seguridad Nacional, por acción, omisión o corrupción –o todo junto–: En 2001 El Chapo se había evadido de otro penal también, supuestamente, de alta seguridad.

Fue de Puente Grande, Jalisco, dentro de un carrito de lavandería, que recorrió casi la mitad de la cárcel.

Sobre todo concluí lo anterior, tras escuchar a Marco Tulio Guzmán Alarcón, uno de los miembros de élite –“autoridad” se autodefinió– de seguridad nacional, quien desnudó, el miércoles previo a la evasión del narcocapo sinaloense –ocurrida el pasado sábado 12 de julio– la endeble estrategia contra la delincuencia organizada y desorganizada –durante una charla-comida con 30 periodistas del Club Primera Plana, en el Distrito Federal.

Más bien, luego de oírlo, quedó un hondo sentimiento de indefensión en el ambiente de la vieja casona, cerca del metro Hidalgo, en el Distrito Federal: todos los órganos que constituyen la Seguridad Nacional equivalen al Tío Lolo:…

Veamos porqué.

Antes, para que tengamos una idea de qué calibre es el personaje de marras, aquí parte de su currículum, cuya filosofía como funcionario es que no posee la “fórmula mágica” para erradicar el narcotráfico, pero “sí controlar”:

Fue coordinador de Ministerios Públicos de la Federación, adscrito a la Subprocuraduría especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) de  la Procuraduría General de la República (PGR), y agente del Ministerio Público Federal, como titular de la célula adscrita, a la Secretaría de Marina Armada de México en operativos de Alto Impacto y de Seguridad Nacional en nueve estados:

Tamaulipas, Coahuila, Nuevo León, Jalisco, Nayarit, Colima, Guerrero, Veracruz y Zacatecas.

También ocupó la subdelegación de la PGR en Puebla, adscrito a la Agencia Quinta Investigadora de Delitos de Armas de Fuego y Explosivos.

Actualmente funge como Agente del Ministerio Público de la Federación, también, en Puebla.

Sabe, es claro, pese a que es un imberbe treintañero, de qué lado masca la iguana, en cuanto a estrategias de seguridad nacional y su institucionalidad.

Rechazó, eso sí, lo que un sector de la prensa nacional y el ciudadano de a pie piensan: que el combate en contra de los facinerosos sea una pirámide invertida: está de cabeza y justificó su cuantioso presupuesto.

Porque, estoy convencido, con el simple y complejo hecho de legalizar la mariguana, se reduciría sensiblemente la violencia en todo el territorio nacional.

Durante su exposición, de casi una hora, asevero que sólo hay dos manera cómo capturar a capos –narcos, asaltantes, secuestradores, sicarios–: mediante satélites, de Estados Unidos –no los que posee el Gobierno Mexicano– o denuncias ciudadanas, “cuando –el pueblo— se pone las pilas”.

Así como lo leyó caro lector.

Conclusión: De poco o nada sirve toda la parafernalia y el gasto estratosférico en la cacareada seguridad nacional.

Equivale a jarrón chino, insisto: está de adorno y es carísima.

Sólo durante el gobierno de EP(inochet)N han invertido tres mil 500 millones de dólares, unos 56 mil millones de pesos, en la compra de armas al vecino del norte.

A ellos hay que sumar dos billones de dólares en Seguridad Nacional, de 2001 a 2013, la llamada Docena Trágica panista.

Según The Washington Post, las adquisiciones de armas de la actual administración a EU, en casi dos años y medio, incluyen al menos dos docenas de helicópteros Blackhawk UH–60 –de la Fuerza Aérea y Marina estadounidense– y unos dos mil 200 vehículos blindados Humvees.

Según Iñigo Guevara Moyano, especialista en defensa nacional, consultado por The Washington Post, las armas solicitadas a Estados Unidos tienen el objetivo de reemplazar armamento viejo y descompuesto, con una edad promedio de 30 y 40 años, cuyo costo de mantenimiento es caro y tiene poca disponibilidad.

Eso en cuanto a armamento.

Pero hubo una parte medular en la exposición de Guzmán Alarcón que llamó la atención de varios reporteros: que la verdadera lucha contra los capos está en el ciberespacio, no en tierra, a través del Sistema Satelital mexicano.

Mas tiene sus asegunes.

Más bien, desventajas.

Está agarrado de alfileres, insisto.

Vale recordar que el gobierno mexicano, a través de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, decidió comprar tres nuevos satélites con fines de seguridad del Estado mexicano, los cuales fueron identificados inicialmente como Mexsat 1, 2 y 3. Posteriormente, fueron bautizados como Centenario, Morelos III y Bicentenario.

El 21 de diciembre de 2010 se anunció que la elaboración de dicho sistema fue obtenido, mediante contrato de mil millones de dólares –unos 16 mil millones de pesos– por compañía aeroespacial Boeing.

El sistema contará con tres satélites, dos plataformas en tierra, sistemas de operación de redes y seguridad para las comunicaciones, según informó Boeing.

Esta sería la cuarta generación de satélites mexicanos, siendo los primeros lanzados en 1985.

Dicha infraestructura contribuiría a elevar (¿?) la seguridad nacional, lograr una mayor cobertura en telecomunicaciones, mejores precios y una plataforma que permita reaccionar rápidamente ante un desastre natural.

En junio de 2014, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) aumentó por tercera vez el presupuesto en este rubro satelital del que el presidente Peña Nieto llamó el “proyecto… más importante en la historia de las comunicaciones en México”.

Costará 23 mil 303 millones de pesos, cinco mil 525 millones más que lo previsto en 2010.

Hay especialistas que alertan que el sistema satelital (mexicano) es “poco seguro”, por lo que queda “inapropiado” para un uso en misiones tácticas y estratégicas.

Por eso es que el gobierno mexicano pide permiso, según Guzmán Alarcón, al gobierno de Barak Obama, para el uso de sus satélites, cuando quiere apresar a algún nacocapo.

Queda claro que es selectiva la detención de líderes de la delincuencia, con el aval del gobierno estadounidense.

Mediante satélite fue la captura de El Chapo en 2001. Y, según versiones de prensa fue la DEA, no la Marina mexicana, quien lo apresó.

Convencido que “toda la vida” ha existido la delincuencia organizada –drogas, narcotráfico, “inmigración”, secuestros, asaltos—y sus repercusiones sociales, económicas y políticas, Marco Tulio Guzmán, aseveró que “cada etapa de la sociedad tiene sus propios delitos”, reflexionó.

Y, como egresado universitario en derecho filosofó, cual Sócrates mexicano:

“A tiempos diferentes, gobiernos diferentes”.

Calificó a la declaración de Guerra del entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa contra la delincuencia organizada -y la desorganizada, supongo—como una “lucha sin fin, desmedida”, que definió como “trágica” donde, puntualizó por su experiencia, a diferencia de la Marina Armada, el heroico Ejército Mexinarco asesino, “no se deja aconsejar, dirigir”.

Por eso, en sólo poco más de un año, el Ejército, se ha colgado varias medallas al ‘mérito’ en el pecho, sobre su uniforme verde olivo: Tlatlaya, donde fueron masacrados 22 jóvenes, presuntos delincuentes; la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, y Santa María Ostula, Michoacán, donde fue asesinado un niño de 12 años de un disparo en la frente, sin que su Comandante Supremo de las fuerzas armadas, EP(inochet)N haga algo por contener a sus ‘muchachitos’.

Las fotos de la violencia castrense contra el poblado michoacano, recuerda las dantescas imágenes de las masacres israelitas en la Franja de Gaza.

En contraste, puntualizó, la Armada, “es más juiciosa”, porque “siempre busca apoyo –asesoría legal y especializada. Con ellos sí se puede trabajar”.

Lamentó que durante el gobierno panista de Vicente Fox, 2000-2006 no se modernizó la seguridad nacional, ni Ejército ni Marina, donde el Cisen, de la Secretaría de Gobernación y la PGR se “desmembraron”, abriendo puertas para que, según él, los “buenos se hicieran malos”.

Y donde eso sí, reconoció, la parte institucional ha caído en conductas “no del todo legales”, como ocurrió con la entonces procuradora de la República, Marisela Morales.

Consideró que en la estrategia de Seguridad Nacional el gobierno tiene que ir “de la mano” de las instituciones con el trabajo de los periodistas, para que la sociedad, precisó, “crezca como tal”.

Porque, aceptó, “hay cosas que se hacen y otras de las que uno ni siquiera se entera”.

Total opacidad.

Corrupción, pues.

Dijo que el caso de la francesa Florance Cassez, procesada por secuestro, y posteriormente liberada, fue un “revés para la nación”.

En la lucha contra la delincuencia en Michoacán, vivió en carne propia cómo de los 15 helicópteros Bell de la PGR, a cargo de Jesús Murillo Karam, sólo uno servía.

Aerochatarra vil.

Puntualizó que la proliferación de cárteles de la droga en esa entidad es porque ahí se produce la mejor droga a nivel mundial conocida como cristal.

Por eso, subrayó, los laboratorios para su producción en toda la entidad “crecen como hongos” y son difíciles de destruir.

Informó que existe otro flanco de ingreso de contrabando hormiga de armas. Ahora se hace por la frontera sur donde ingresan de Bélgica, Francia, Italia, Alemania, y no sólo de Estados Unidos.

Es lo que se denomina contrabando hormiga.

En la dinámica de preguntas y respuestas luego de la comida –donde hubo sopa de chicharos, arroz rojo, y picadillo con frijoles negros—tocó mi turno.

Expuse, micrófono en mano, que en mente tenía una veintena de preguntas, porque como decimos en el medio periodístico, sus palabras me habían dado “mucha carnita”, pero escritas tenía cuatro qué realizar:

1.- ¿Si es viable la legalización de la mariguana como se hizo en Uruguay, durante el gobierno de José Mujica, pues todo indica que luego que se despenalice su consumo en los 50 estados de la Unión Americana –donde Wasihgton, Colorado y Alaska ya se aprobó—seguirá México?

2.- ¿Por qué en particular suceden asesinatos de periodistas en Veracruz y chihuahua?

3.- ¿Cómo entender que México se haya convertido en el jamón del sándwich, en cuanto al tráfico de armas, pues en Estados Unidos existen 100 mil armerías, 13 por ciento en la frontera con México, y ahora también llegan de origen europeo por el sur?

4.- ¿Tiene conocimiento de alguna investigación sobre el vínculo de Televisa con el narcotráfico, ya que ejerce un férreo control sobre el futbol mexicano, donde hace 20 años, entraron los carteles de la droga, cuando el equipo Leones Negros de la U de G, resultó ser de un grupo de narcotraficantes de Jalisco?

Tras los cuestionamientos, un compañero reportero felicitó las preguntas.

“Muy buenas”, susurró.

Sobre la regularización de la grifa, Guzmán Alarcón respondió, “como autoridad” que no es “viable, no es necesario”.

Porque, agregó, “somos un país que tiene muy bien su ley general de salud, –donde para los adictos— no es delito. Es una enfermedad”.

Aclaró que es necesaria su legalización para el consumo. “Porque mucha gente piensa que si la hacemos lícita vamos a poder traficar 10, 15, 20 kilos, una tonelada. Están equivocados. La legalización de mariguana en dosis pequeñas es para fines de salud. Que se quieran echar uno o dos cigarros, eso es en Estados Unidos. Para México no lo considero legalmente”.

“Pero mata más el alcohol y el tabaco que la mariguana…”, intenté, aunque no hay derecho de réplica, pero Guzmán, reiteró:

“No es necesario legalizarla. Al final de cuentas la ley general de salud prevé una rehabilitación por este tipo de actividad”.

Todo indica que el funcionario desconoce que en 1940, en los esténtores del gobierno de Lázaro Cárdenas del Río, su secretario de Salud, Leopoldo Salazar Viniegra, logró convencerlo de que se despenalizara la mota.

Pero el gusto duró poco tiempo a los consumidores. Pocos meses después, por presiones del gobierno de Estados Unidos, el Tata dio marcha atrás y volvió a sancionar su uso.

Respecto a que si Televisa tiene vínculos con el narcotráfico vía el futbol, dijo desconocer, “rotundamente”, si hay alguna investigación al respecto.

Sobre los periodistas ultimados en Chihuahua y Veracruz, respondió, que son 16 en total la cifra que él tiene –de 2010 a la fecha—la fiscalía de delitos contra reporteros, opinó que lo “más factible de pensar” es que ellos escribieron e hicieron público algo sobre un cártel de la droga o célula delictiva que “molestó” a los capos y ordenan –su muerte.

Nunca mencionó que también es la clase política o las fuerzas armadas, sobre todo el Ejército, quienes agreden a los reporteros con absoluta impunidad.

Respecto al demencial gasto en seguridad nacional, que relaciona al sistema satelital mexicano, explicó que no es que se invierta mucho y no tengamos –resultados palpables.

“México era un país que no tenía industria militar. La Marina de 2008 a la fecha ha crecido 10 veces más. Antes no tenía siquiera aviones. Tenía puro barco viejo. Nos hemos venido actualizando poco a poco. Tanto Cisen, PGR como policía –federal.

Policía Federal y PGR son los que han recibido más apoyo presupuestal en la lucha contra el narcotráfico, en el marco del Plan Mérida”, argumentó.

Manifestó su preocupación por el hecho de “no tener nuestros satélites porque nos iban a ayudar a funcionar –contra la delincuencia. Porque la era actual ya son las redes sociales, tecnología, twitter, satélites. Ya no es pegar publicidad en un poste o repartir publicidad en los coches.

Y remató: “vemos más nuestro celular que a cualquier ser querido”.

Es la Ciberdictadura Perfecta de la Sinrazón.

Y es la sinrazón de la seguridad nacional.

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