Martes 21 de Noviembre de 2017
     

Mancera, víctima y cómplice



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Acento

Salvador Flores Llamas

P

ese al revés electoral del 7 de junio, que le quitó el control político del DF, tras de ser elegido jefe de gobierno en 2012 con récord de votos; Miguel Ángel Mancera se autodestapó precandidato presidencial para 2018 y de inmediato Carlos Navarrete, aparente líder del PRD, le aplaudió y ofreció el respaldo de ese partido que lo empujó a la debacle.

Ésta la propició el gran avance con que Morena ganó controlar la Asamblea Legislativa y 5 delegaciones importantes, e impugnó cuatro, de las que podría lograr algunas, como la Gustavo A. Madero, donde la gente está astiada del cacicazgo de Víctor Hugo Lobo, quien la gobernó después de estar preso por fraude en el Reclusorio Norte (en esa demarcación) y hace tres años la heredó a su amante Nora Arias, quien ahora pretende regresársela.

Mancera quedó, pues, a merced de López Obrador, con quien intenta llevar buenas relaciones y quiso reducirlo políticamente, mas hoy tendrá que bailar al son que le toque –y el Peje se pinta solo para eso- y se enemistó con Bejarano, tras eliminarlo parcialmente del DF; pero no lo remató, sino sólo lo atarantó, y René resurgió y fue otro de sus verdugos.

Con todo, el jefe de gobierno, de quien se creyó que el descalabro comicial lo alejaba de la sucesión presidencial, anunció que la buscará y, si es necesario, irá como independiente, al estilo del Bronco. Eso indica que considera inservible al PRD para ello; pero se enfrentará a Amlo, eterno candidato presidencial y en campaña permanente desde el año 2000.

Entre las tuercas a apretar, después de hacer un balance serio y controlar daños, deberá revisar el desempeño de su operador político y secretario de gobierno Héctor Serrano, que debió presentarle diversas opciones, candidatos y alianzas para conservar el liderato capitalino, y le falló aparentemente, aunque correspondió al propio Mancera tomas las decisiones finales.

Los amantes de la carroña política piden las cabezas de Serrano y más del equipo. Pero Mancera habrá de analizar si no los mueve su propio interés o desean apadrinar a otros, para que no vuelvan a hundirlo, como hicieron los Chuchos, jefes reales del sol azteca.

Éstos se engolosinaron por haber ganado cercanía con Peña Nieto con el Pacto por México, que les redituó mucho ($$$), pero se equivocaron al creer que podrían con López Obrador (de más agallas y colmillo que ellos) y no digamos con Mancera, a quien estiman inocentón y que llegó a gobernar el DF por su complicidad con Marcelo Ebrard.

Pero José Luis Abarca, el ex alcalde asesino de Iguala, su esposa María de los Ángeles Pineda, y el exgobernador de Guerrero Ángel Aguirre les comieron el mandado. El 7 de junio enseñaron el cobre: el PRD retrocedió en el país y perdió el gobierno de Guerrero; ganó en Michoacán, porque Silvano Aureoles tuvo un respaldo presidencial decisivo.

Silvano los chamaqueó: aprovechó la relación de ellos con Peña para acercársele, lograr la presidencia de la Cámara de Diputado y brincar de ahí a candidato a gobernador.

El presidente del Senado Miguel Barbosa, líder de la fracción del PRD en dicha cámara y opositor de los Chuchos, aconsejó a Mancera indagar el fracaso y remover a quienes lo empujaron; mas hay quienes dicen que el poblano Barbosa aspira a ser el candidato para sucederlo como jefe de gobierno o, al menos, meterle a su colega Armando Ríos Piter de secretario de gobierno y como estratégica cabeza de playa en el DF que impulse su ambición sucesoria.

No toda la derrota electoral de Mancera se debió a los Chuchos; también lo perjudicó permitir las marchas y plantones de la CNTE y que tanto agitador obstruya el tránsito y la vida normal de los capitalinos y que remedien sus urgencias; aparte de bloquear zonas enteras (Monumento a la Revolución y gran tramo de Bucareli) perjudicar los negocios, el acceso de los vecinos a sus domicilios, y que las conviertan en tierra de nadie.

O que proteja a su antecesor Ebrard (por sus compromisos para que le heredara el gobierno por “dedazo”, al estilo PRI) que ya debería estar en la cárcel, al menos por el fraude escandaloso de la Línea 12 del Metro, que hace casi un año dejó a 450 mil chilangos sin ese servicio vital.

Eso no debe extrañar, pues el 9 de julio de 2008, Alejandro Martí (dolido por no tener noticias del secuestro y asesinato de su hijo Fernando) apostrofó a los funcionarios públicos ante el presidente Calderón: “¡Renuncien!”, si no pueden aplicar la justicia, les dijo en reunión del Consejo Nacional de Seguridad celebrada en Palacio Nacional, y Ebrard le respondió ante todos: “Yo le tomo la palabra…estoy seguro que voy a cumplir”. Ahí se definió el futuro de Mancera Espinoza.

Esa misma tarde Marcelo, jefe de gobierno del DF, llevado por su ambición de ser Presidente de la República, fue a la Procuraduría General de Justicia, a exigir a Mancera (a quien días antes había nombrado procurador) y colaboradores a hacer del caso Martí una prioridad y capturar a los culpables a cualquier precio y a costa de lo que fuera, para cumplir la palabra que empeñó en Palacio Nacional.

De ahí Mancera inventó culpables: hizo cómplice del crimen contra Fernando a la subinspectora de la Secretaría de Seguridad Pública Federal Lorena González Hernández, y líder de la banda asesina a Humberto Ortiz Juárez, el Apá, y fabricó testigos y documentos para responder al jefe, quien por eso decidió heredar el gobierno capitalino al inexperto y tramposo procurador Mancera, que así se convirtió, a su vez, en cómplice de quien huyó a Francia para evadir la justicia cuando no pudo cubrirse con el fuero legislativo de diputado plurinominal por el Partido Movimiento Ciudadano, propiedad de otro pillo Dante Delgado.





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