Miércoles 18 de Octubre de 2017
     

Recordemos a Charles Chaplin



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En las nubes

 

S

eguramente que Estados Unidos recordó cuando en l938—aún no comenzaba la Segunda Guerra Mundial—prohibió exhibir en sus cines “El Gran dictador”, que se burlaba de Hitler, aún en amistad con el pueblo de Teodoro Roosevelt. Pero hoy se queja Barack Obama de que Corea del Norte, lanzara un ataque cibernético en contra de Sony, por su film “The interview”, que teje una maraña asesina contra el actual dictador. Ello nos permite compartir lo que aconteció a Charles Chaplin, cuando entonces expresó: “Si Hubiera tenido conocimiento de los horrores de los campos de concentración alemanes no habría podido rodar El gran dictador. No habría podido burlarme de la demencia homicida de los nazis”. No obstante, estaba decidido a ridiculizar su absurda mística en relación con una raza de sangre pura. Este comentario solo pretende exhibir suceso histórico. Nada más.

Sir Charles Spencer Chaplin, nació en Londres, Inglaterra un 16 abril 1889 y expiró en Corsier Sur Vevey, Suiza el 25 diciembre 1977.

Nosotros que hemos transitado por los vericuetos cinematográficos en México –producimos diez películas de 1960 a 1964– conocemos la vida de Charles Chaplin que ideó y comenzó a rodar su primera película sonora, El Gran Dictador en 1938, cuando aún no había comenzado la Segunda Guerra Mundial. Había declarado sobre Adolfo Hitler que éste «le había robado el bigote» y la verdad es que su parecido físico con el dictador hace que la película sea aún más hilarante. Una vez que fue conocida la intención de Chaplin de satirizar violentamente a Hitler y Mussolini se desata una feroz campaña contra él de diversos grupos de presión, algunos incluso incluían amenazas de muerte. La industria se alarma y le recomienda abandone el proyecto. Chaplin contesta: “la voy a proyectar ante el público, aunque tenga que comprarme o mandarme construir un teatro para ello, y aunque el único espectador de la sala sea yo”. El rodaje empezó pocos días después de declararse la II Guerra Mundial, el 9 de septiembre de 1939. Justo seis meses más tarde, se daba por finalizada la cinta.

Chaplin representa dos personajes: el del dictador y el del barbero judío.

Adenoid Hynkel, como nombra a su personaje, es una clara parodia de Adolfo Hitler, y la magnífica interpretación de Jack Oakie como Benzino Napoloni, parodia a Benito Mussolini, El gran dictador es rompedora en sus letreros: en el gueto judío los carteles están escritos en esperanto, idioma creado en 1887 por L.L.Zamenhof, un judío polaco. Solo una palabra aparece en ingles en la película: Jew (judío), y fue una de las primeras veces que ese término se veía en pantalla.

Chaplin decidió cambiar el final de la película durante el rodaje. Eliminó una escena en la que cientos de soldados nazis tiraban sus armas y participaban en un baile tradicional. En su lugar, introdujo el discurso que da fin a esta particular historia. Se decidió a hacerlo tras la ocupación nazi de París el 14 de julio de 1940.

La película acaba con una pieza de Richard Wagner, Lohengrin. Chaplin invierte, con astucia, el sentido que el nazismo dio a la música de este compositor. Además de Wagner también suena la música de Johannes Brahms. La música original de la película la compuso el propio Charles.

Harry Hopkins, consejero de Roosevelt, que la había visto en una sesión para la prensa, hizo a Chaplin una seria advertencia, aunque la disfrazó pronosticándole que “El Gran Dictador” le haría perder en publicidad todo su dinero y podía arruinarse. A los que Chaplin contestó que lo daba por bien perdido si conseguía su objetivo: humillar a Hitler.

El gran dictador se estrenó en los teatros Astor y Capitol de Nueva York el 15 de octubre de 1940. La cinta costó más de dos millones de dólares.

La noche del estreno a Chaplin le tocó cenar cerca del político francés Pierre Laval, luego gran amigo de los nazis. Este comenzó a hablarle en favor del mensaje de paz de Hitler y sobre el triste futuro de la película en Europa. Un joven pro-nazi que estaba en el mesa atacó a Chaplin diciéndole: “Por supuesto, usted es judío, claro” y Chaplin le contesto: “Mire, jovenzuelo, no hace falta ser judío para ser anti nazi. Y yo no soy judío, pero sí lo segundo”.

En los medios anti nazis de los Estados Unidos el estreno fue un éxito total y puso sobre aviso del peligro alemán a mucha gente engañada. Hitler ya se había comido a media Europa.

Si durante el rodaje Chaplin recibió innumerables presiones, el estreno no fue menos. Aunque el presidente Roosevelt le envío su apoyo, muchos estados norteamericanos prohibieron su exhibición.

(Cuando “El Gran Dictador” salió en pantalla, Estados Unidos no estaban en guerra con Alemania, incluso la revista TIME declaro a Adolf Hitler el hombre del año en 1938).

Los periódicos del magnate de la prensa William Randolph Hearst, favorables al gobierno de Hitler y cada vez más próximos a la extrema derecha, acusaron a Chaplin de comunista. En Estados Unidos predominaba los “aislacionistas”, y los grupos pro nazis inundaron el estudio de Chaplin con cartas y amenazas. Durante el otoño de 1940, los jóvenes nazis estadounidenses aún desfilaban por la 5ª Avenida neoyorquina con total impunidad.

En los países con gobierno fascista, “El gran dictador” fue prohibido: Italia, Alemania, España, la Europa ocupada, Brasil, Costa Rica, Argentina, entre otros. Pero en Argentina los espectadores fletaban buques desde Buenos Aires para ir a verla a los cines de Montevideo. En España permanecería prohibida hasta la muerte de Franco. En Alemania estuvo prohibida hasta 1998. En Italia no pudieron verla completa hasta 2002 ya que las versiones que se exhibieron previamente tenían censuradas las escenas del dictador Napoloni (caricatura de Mussolini) y de su esposa Rachele.

La derecha americana lo acusó de ser un “antifascista prematuro”, comunista y de realizar actividades antiamericanas. Precisamente sus ideas progresistas, pero particularmente por El gran dictador, le hicieron objeto del ensañamiento del Comité de Actividades Antiamericanas.

En el año 1947, el Comité de Actividades Antiamericanas empezó a presionar a la fiscalía para que deportara a Chaplin, «cuya vida en Hollywood contribuye a destruir la fibra moral de América». Fue llamado a testificar en el Comité en varias ocasiones, pero no se presentó nunca.

El 17 de septiembre de 1952, cuando Chaplin, su esposa y varios de sus hijos viajaban en el Queen Elizabeth, el fiscal general de Estados Unidos dio instrucciones a inmigración para retener a Chaplin. Asistían al estreno de Candilejas en Europa. Chaplin decidió no volver a los Estados Unidos. Sólo rompería su decisión de no volver a Norteamérica cuando se le concedió un Oscar honorífico, en 1971. En 1973 Charles gana el Oscar a la mejor banda sonora por Candilejas, una película que había sido realizada en 1952 y estrenada en la Unión Americana 20 años después.

Fallece en Corsier-Sur-Vevey (Suiza) en el día de navidad de 1977.





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