Martes 21 de Noviembre de 2017
     

Ebrard, Bejarano y Los Chuchos



opinion

Acento

M

arcelo Ebrard, ex jefe de gobierno del DF, cree que con todo su dinero y el apoyo de Bejarano, el más corrupto de las izquierdas, puede ganar la presidencia nacional del PRD y la candidatura presidencial para 2018.

Tras de darles la espalda a quienes lo apoyaron para candidato presidencial en 2012 y ni les explicó por qué cedió su lugar a López Obrador, aunque les prometió que el candidato sería quien ganara la consulta popular, que él la ganó; cree que volverán a entregársele, cuando van apareciendo sus errores y corruptelas en el GDF, como la Línea 13 del Metro y la Supervía, la autopista más cara del mundo, concesionada a sus socios, a quienes ningún jefe de gobierno podrá disminuir sus ganancias en 30 años, por una ley dictada por él.

“El mejor alcalde del mundo” ve que no basta con comprar con dinero del erario ese título a vivales internacionales, que su popularidad se derrumbó y el respaldo mayoritario de los defeños se lo ganó su sucesor Mancera, de quien se distanció por celos, por querer imponerle a su gente y cobrarle el favor de heredarle el cargo.

Y no sólo, Ebrard se peleó también con Los Chuchos, que lo ayudaron a encumbrarse en el GDF; tampoco les cumplió con los puestos que les prometió y hoy quiere arrebatarles el partido, que él utilizó de trampolín para su ambición política y económica sin que nadie lo sienta identificado con su ideología y principios.

Otro agravio que le tienen los capitalinos es la veleidad convenenciera que le caracteriza, que empleó con Felipe Calderón, a quien no reconoció como Presidente, sino sólo cuando le pidió apoyo financiero para la que llamó su obra cumbre, la ruta dorada del Metro, que, por cierto, dejó inconclusa y con muchas deudas a los constructores, tras gastar el tesoro de Alí Babá.

Marcelo nunca ha explicado a la gente sus brincos del PRI a la izquierda, cuando juraba que jamás sería izquierdista; ni su apego a López Obrador, y sólo ha mostrado que le importan los votos, sin dar satisfacción alguna a sus partidarios.

Tras su iluso – y, desde luego, fracasado- intento de debatir con el presidente Peña Nieto sobre la reforma energética (que el gobierno aún no presenta) toma ésta de nuevo de pretexto y se lanza contra el Pacto por México, como señuelo demagógico para basar sus sueños de grandeza imperial como presidente de la República.

Creó –como si no hubiera suficientes– otra tribu perredista, el Movimiento Progresista, para que sirva de trampolín a sus aspiraciones, que se antojan muy lejanas, pues eso de ganar primero la jefatura perredista ya es difícil, y lograr luego la candidatura presidencial, lo es más, máxime que quiénes lo respaldarían, saben que los deja colgados de la brecha y se unce al carro del Peje, sin quien nadie sería en política y menos en la izquierda, aun con el padrinazgo de Camacho Solís.

Que Ebrard recurra a Bejarano no debe extrañar, pues son coyotes de la misma loma.

Baste recordar que René inició sus trastupijes con supuestos apoyos a la gente después del sismo del 85, cuando Camacho era regente del DF y Marcelo su secretario de gobierno e hizo gente al dueto Bejarano-Padierna con la Gran Tenochtitlan, el membrete que crearon para concentrar dinero y favores oficiales, dizque para ayudar a los damnificados a reconstruir sus casas, y los capitalizaron para formar su mafia, que les dio dinero, poder político y los hizo jefes de brigadas de choque.

Sin que sepa ni jota de hidrocarburos, Ebrard ataca la reforma energética por publicidad; mas sobra quien le baje los humos en un auténtico debate, pues su ignorancia del tema es supina

Es muy fácil gritar no a la privatización y que nadie podrá arrebatar el petróleo a los mexicanos por ser suyo; ya que nadie pretende privatizarlo, y ni Marcelo ni López ni Camacho o cualquiera de sus paniaguados podrán demostrar lógica y conceptualmente que se busca tal cosa.

Como nadie discute que el petróleo es de los mexicanos, la gente cae en cuenta que la izquierda irreductible lo toma de pretexto para evitar que México mejore su economía e industrialización, porque sueña con llegar a Los Pinos y disponer de ese recurso nacional para dilapidarlo, como Hugo Chávez en Venezuela, pues Padierna, López Obrador y socios no sólo se dicen admiradores del fallecido dictador, sino proponen que se imite su ejemplo en México.

Los Chuchos, por su parte, que se dicen los creadores del Pacto por México, se ven obligados a adoptar esa postura intransigente del obradorismo sobre la reforma energética, para no perder seguidores en la izquierda, aunque en el fondo están en contra y no sería raro que sus diputados y senadores voten bajo cuerda en favor de la reforma oficial, aunque PRI y PAN podrán logar las dos terceras partes de los votos en ambas cámaras para su aprobación constitucional, sin ellos. Y si no, ahí está el PVEM, apéndice priísta.

Jesús Zambrano declaró que si el PAN sostiene su proyecto de reforma energética, romperá el PRD sus alianzas con él, cuando bien sabe que sin ellas ya no cuenta en las elecciones, como lo comprobó el 7 de julio y se lo reclaman los perredistas, pues su partido va hacia atrás como los cangrejos.

Eso es puro jarabe de pico, pues Zambrano no puede ir en contra de los dictados de su jefe, el Chuco Mayor (Ortega), quien presume haber sugerido a Peña Nieto la idea y los términos del famoso pacto, con el compromiso de respaldarlo a ultranza.





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